Vos y el Sol

 

Vos y el Sol

Seguí las señales,
porque dejé de creer;
en los hemisferios de la duda/
en la inacción del silencio/
en la ambivalencia de la soledad/
en los fragmentos del día gris.
Dejé de creer,
porque las señales
comenzaban a extinguirse,
aún así,
descreyendo
las alcancé,
y detrás del primer invierno,
ahí estabas,
siguiendo la misma señal.


 

 

Destinos

Quién como tú, aleada y disimétrica, 
ahonda en sus penumbras mi grito desesperado.
Acaso el eco del viento lo puede, 
aun cuando de inviernos se visten sus melodías 
para acaecerse de intentos a mi suerte. 
Del azulado faríngeo, 
donde anidan tus palabras 
y reposan sórdidos capullos de magnolias, 
se atreve la muerte a excomulgar 
cualquier tenencia que al amor permita, 
velando, si acaso, al tiempo de mis pasos.
Quién como tú, disipa de sus cicatrices,
el dolor que ocasiona el peso de mil historias, 
para abrazarme eternamente en silencio.
Quién, siquiera el deseo más perfecto, 
brotase en su mirada, para aunarse en el aire, 
y convertirse en mi sueño de libertad. 
Acaso si alguien pudiese, aun logrando plenitud alguna,
tarde sería, pues mi historia comenzó a escribirse, 
cuando el destino hizo una, nuestras almas.

Diego Amed

 

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