Los 25 libros clásicos de la vida espiritual de Occidente

 

La lista que presentamos a continuación busca acercarse a lo que podría ser un canon de la vida espiritual en Occidente, tomando fundamentalmente de los dos grandes cauces que se entremezclan en la cultura occidental: la filosofía griega (principalmente el platonismo y sus avatares) y el cristianismo. Con vida espiritual nos referimos al aspecto práctico, moral y contemplativo de la filosofía y la teología y no a lo meramente discursivo, haciendo eco del entendimiento de Pierre Hadot de la filosofía concebida originalmente como un ejercicio espiritual, como un arte de vida (y no mera gimnasia verbal, ni siquiera solamente la consideración de las causas primeras). La filosofía es el amor a la sabiduría y eso ya supone que no todo es pensar sino también sentir, desear y hacer; la filosofía que también debe considerarse como la sabiduría del amor, y eso nos habla ya de una transformación en el sujeto que la práctica. Es justamente el amor -la atención como pasión- lo que permite que el conocimiento transforme a la persona en aquello que conoce, domo diría San Juan de la Cruz: el amante en el amado transformado.

Los textos presentados han sido elegidos considerando su influencia en el pensamiento occidental, su calidad literaria, su poder de inspirar y transformar la conciencia y su brillantez ética y mística. Se trata de libros que nos ayudan a vivir mejor, pero no a través de tipo o fáciles consejos de autoayuda, sino a través de una profunda consideración de las grandes preguntas de la existencia -una contemplación de la realidad y su posible trascedencia- y a partir de esto el desarrollo de un sendero práctico -una purificación a través de la vida ética- que llega a alcanzar en algunos casos una veta mística. Pues la vida espiritual no se contenta sólo con vivir bien en el mundo sino que busca necesariamente alcanzar lo más alto, la unión con la fuente misma de la vida, la eternidad en su amor y en su sabiduría.

Existen importantes omisiones que deben explicarse. Cuesta prescindir de Aristóteles, el filósofo más influyente en Occidente junto con Platón, obviamente. Pero no sería congruente incluir su Metafísica, su texto más influyente en el desarrollo de la filosofía y la teología occidentales, pues es un texto qué poco nos dice sobre cómo vivir o cómo unirse a su Dios (el Motor Inmóvil que magnetiza el cosmos en el amor, pensando el pensamiento del pensamiento). La lista no pretende incluir textos de metafísica pura, sino que tiene un corte pragmático, que permita transformar el conocimiento en acción y contemplación mística. El libro que podría bien aparecer es la Ética Nicomáquea, pero este importante texto donde expone su concepto de felicidad -la eudaimonía, el objetivo de la existencia humana-, desarrolla sus nueve virtudes y argumenta la supremacía de la vida contemplativa, difícilmente inspira o genera entusiasmo. Aristóteles escribía, a diferencia de su maestro, de una manera muy sistemática, seca y poco literaria (si bien se cree que escribió diálogos en su juventud y sus textos maduros parece haber sido escritos específicamente para el liceo). Su prosa es el fundamento de la ciencia y la filosofía analítica, pero no de los clásicos de la literatura, pese a su indudable brillantez intelectual. Destino similar comparte Santo Tomás de Aquino, cuya obra maestra, La Suma Teología, ciertamente podría tener pasajes dignos de incluirse, pero que en su vastedad y complejidad sistemática -heredera justamente de Aristóteles, a través de quien une la razón con la fe- resulta inabarcable y de difícil digestión. Se trata de un clásico indudablemente, pero que interesa mayormente a filósofos académicos y teólogos cristianos, y difícilmente cautiva al gran público. 

Otra notable ausencia es la de Filón de Alejandría, el filósofo judío helenista, quien fue un vinculo importante entre el pensamiento judío y la filosofía griega, y cuya lectura alegórica de la Biblia fue influyente en los padres de la Iglesia. Literalmente Filón unió el Logos griego con la Palabra divina del Dios judío, prefigurando el evangelio juanino. Ciertamente de los comentarios bíblicos de Filón se deriva una "vida espiritual", sin embargo, como ocurre con varios de los autores que no han alcanzado el corte final, su obra es vasta, no demasiado accesible, y cuesta señalar un texto único que destaque claramente por sobre todos los demás. Sus comentarios alegóricos al pentateuco han sido los más estudiados e influyentes.

Tampoco se han incluido a ninguno de los padres de la Iglesia de los primeros siglos (el primero es Agustín). Sin duda brillará por su ausencia Orígenes, el primer gran teólogo cristiano, quien prácticamente enseñó a leer la Biblia -en el espíritu y no en la letra- pero de nuevo su obra es legendariamente vasta y dispar (pese a que mucha de ella se ha perdido pues dejó de ser del agrado de la autoridad eclesiástica por sus excesos platónicos). Una ausencia notable es también la de Gregorio de Nisa -como representante de la exquisita teología capadocia-, tanto su comentario del Cantar de los Cantares como su Vida de Moises podrían haber obtenido un lugar en la lista en otro día. Sin embargo, hemos incluido, como representante de la tradición mística-contemplativa de los padres de la Iglesia Ortodoxa, y los llamados padres del desierto, la Philokalia, la única antología propiamente que aparece en la lista, pero la cual es un caso especial por su enorme influencia (más sobre este texto en la segunda entrega de esta lista).

Otras omisión, quizá menos onerosa, es la obra de Paracelso, a quien cuesta fijar en una única obra (y a quien podríamos incluir como exponente de la tradición alquímica, a la vez que planteando una filosofía ética, incluso una filosofía del bienestar), pues su producción es también vasta y no despunta de sobremanera ninguna obra. El lector no especializado se beneficiará más de leer antologías del Hermes suizo, cuya influencia fue tanta en la ciencia como en la espiritualidad. Otro candidato habrían sido Los tres libros de filosofía oculta de Agrippa, pero ese lugar para la magia lo hemos reservado para la De triplici vita  Ficino, donde no sólo expone principios de magia astrológica, sino también nos ilumina con los principio éticos que de allí se derivan. Este mismo texto le quita un lugar a Las 900 tesis y al influyente Sobre la dignidad del hombre de Picco della Mirandola, quien estudiara con el mismo Ficino. Intentando no cargar la lista hacia la magia y a lo esotérico, tampoco Giordano Bruno entra en la lista. Las utopías de Tomás Moro y Francis Bacon (o algún otro de sus libros de ensayos) son también omisiones que no nos dejan del todo tranquilos. Tampoco hemos incluido El Zohar u otros textos cabalistas, los cuales son sumamente esotéricos, tratan sobre todo de cosmología metafísica y necesitan cierta exégesis para llevarse a fruición, si bien es cierto que de ellos se deriva una rica tradición de comentarios y meditaciones místicas. Esto en lo que concierne a la primera mitad de la lista en orden cronológico (en la segunda parte haremos la apología correspondiente).

Por último, hemos omitido al que seguramente sería el primero y más imprescindible de los textos espirituales de un canon occidental, la Biblia. Su inclusión es demasiado obvia y hemos querido hacer espacio para otros textos que puedan aportar algo nuevo al lector. Su omisión no debe tomarse como una postura crítica. Resulta evidente que para la persona que busca formarse en un sentido espiritual, así como obtener la más básica cultura (y espíritu y cultura, como entendieron los idealistas alemanes, pueden entenderse como sinónimos), la lectura de la Biblia es esencial, independientemente de la fe que se profese (o falta de ella).

*  *  *

1. La República, Platón

Seguramente el libro más influyente y culturalmente relevante en la tradición occidental después de la Biblia. El filósofo que primero creó un sistema metafísico expone aquí su doctrina del mejoramiento del alma y de aquello en lo que debe consistir una buena educación. En su meditación dialéctica sobre la justicia da la pauta no sólo de lo que considera es lo justo a nivel político -de una ciudad- sino a nivel individual, del alma humana: un régimen tanto político como espiritual, que se deriva, en última instancia, de la cosmología y la teología, de la cual el alma y la ciudad son microcosmos. Si bien el sistema del divino Platón está abierto a interpretaciones y no se encuentra exhaustivamente, ni mucho menos, en un sólo diálogo, este es el texto más completo y aquel en que más ampliamente expone su filosofía ética, la cual va ligada de una epistemología, como se muestra por ejemplo en el Mito de la Caverna. El bien, la verdad y la belleza serán para Platón, y para la tradición cristiana, los tres grandes ideales -o trascendentales- de la vida del alma, hasta el punto de poder considerarse sinónimos. Esta influencia de los tres trascendentales no será sólo religiosa, sino también artística, influyendo profundamente en el romanticismo.

2. Meditaciones, Marco Aurelio

El clásico libro de consejos y reflexiones del emperador Marco Aurelio es el libro que hemos elegido como representante de la filosofía estoica, que actualmente vive una especie de renacimiento. En un mundo materialista y hedonista, donde además se vive una constante ansiedad provocada por la sobrestimulación, la sabiduría estoica es un remedio natural. En medio de lo que hoy consideraríamos estrés extremo y poder y riqueza desquiciante, Marco Aurelio predica la calma, el desapego y la obediencia a la voluntad divina, compartiéndonos sus reflexiones cotidianas en inmortales máximas y aforismos. Otro clásico estoico que goza de gran salud editorial es las Cartas a Lucilio de Séneca.

 

3. Enéadas, Plotino

Las Enéadas de Plotino, texto editado y reconstruido por su discípulo Porfirio, es uno de los pocos libros presentados aquí que encierran tanto un profundo sistema metafísico -más sistemático incluso que el de Platón, incorporando también el pensamiento de Aristóteles- como también una filosofía ética, estética y eminentemente mística. Plotino desarrolla su famoso sistema de emanación triádico, partiendo del Uno supraescencial a la Inteligencia y el Alma, pero también desarrolla el método contemplativo para que el alma humana regrese al Uno, el "vuelo del solo al Solo", e incluso una ética eudaimónica, donde la felicidad consiste, como en Platón y en Aristóteles, en la contemplación intelectual, pero en este caso llevada al extremo de la separación y negación completa del mundo material (se dice que Plptino aborrecía la existencia material, la tumba del alma, y alcanzó la unión con la divinidad hasta en cuatro ocasiones antes de morir). Las Enéadas no son lectura fácil, pero tampoco son acartonados e impenetrables tratados lógicos -especialmente la versión de Stephen Mckenna en inglés es un clásico de la prosa filosófica-. La inclusión del la obra de Plotino se justifica por su enorme influencia tanto en la historia de la filosofía, como en la historia del esoterismo y la espiritualidad. Una reciente edición crítica del profesor Lloyd Gershon está destinada a convertirse en la más autoritaria. En español la editorial Gredos tiene una versión. 

4.  Sobre los misterios egipcios, Jámblico

Otro texto que también esboza un sistema metafísico, sin embargo, Jámblico hace una crítica al neoplatonismo de Porfirio y  de Plotino, enfatizando el aspecto teúrgico o la acción ritual divina de la filosofía. Este es uno de los textos que más ha influido en las doctrinas mágicas de Occidente, sin embargo, pese a beber del cauce egipcio hermético, no deja de estar apoyado en la más alta filosofía platónica. Jámblico, quien fue la principal inspiración de la apostasía del emperador Julián, se distancia de una cierta repulsión platónica a la materia, que puede leerse en Porfirio y en Plotino, para abrazar el cosmos como una teofanía, como un sacramento. Su método consiste en la purificación y en el acondicionamiento del vehículo humano para propiciar el descenso de lo divinidad y no el ascenso del alma -a diferencia de la henosis de Plotino- pues para Jámblico la teúrgia es la actividad bendita de los dioses -no de los hombres-, gracias a los cuales el alma puede participar en la actividad demiúrgica. Existe una versión de Gredos en español y un excelente comentario en ingles: Theurgy and the Soul, de Gregory Shaw. 

5. Las Confesiones de San Agustín

El texto que junto con La República de Platón guarda preponderancia en esta lista, tanto por la profundidad de su contenido como por su magistral estilo literario. Es considerada la primera gran biografía escrita en Occidente y sin duda es la más notable autobiografía espiritual de toda la historia. Agustín de Hipona narra su infancia y adolescencia pecaminosa, su acercamiento al maniqueismo, su concubinato, el episodio central de su conversión al cristianismo, la influencia de su madre católica Mónica (que sería canonizada) y de su maestro San Ambrosio, así como también su debatirse entre el cristianismo y el neoplatonismo (el cual estimaba, aunque finalmente lo consideró imperfecto), hasta en los últimos libros de la obra exponer su propia teología, acabando en la Trinidad. La obra ha pasado a la historia por mostrar el dilema existencial que desgarra el corazón de Agustín con una cierta inclinación a la sensualidad y a la emotividad, sin perder su gran piedad y arrepentimiento. Esta parte débil de la carne, expuesta de manera tan franca y poética, es lo que hace que tantas personas se hayan podido identificar con el santo. Algo que quedó cifrado en esa famosa frase "Señor, hazme casto pero todavía no. "

6. Los nombre divinos, Dionisio el Aeropagita

Discutiblemente la obra más influyente del pequeño corpus de Dionisio el Aeropagita (también llamado Pseudo Dionisio) y la obra cumbre del misticismo apofático cristiano, con una influencia tan amplia en la Iglesia Católica como en la Ortodoxa. La obra de Dionisio el Aeropagita alcanzó enorme influencia en parte por haberse tenido por la tradición como obra de San Dionisio, discípulo directo de San Pablo, convertido por el apóstol en el discurso al dios desconocido en el Aerópago de Atenas. Hoy sabemos que la obra fue compuesta por un teólogo sirio del siglo 5 y principios del 6. Sin embargo, esta pseudografía no debe entenderse como una fraudulenta usurpación, sino como más bien como una forma de humildad y autonegación creativa, lo cual ha hecho que Dionisio el Aeropagita sea aún considerado como uno de los más brillantes teólogos en la historia del cristianismo (pese a que Lutero lo condenó por ser más platónico que cristiano). En esta obra hace una sublime síntesis del neoplatonismo de Proclo con la teología cristiana de un dios trinitario que trasciende el conocimiento pero que se manifiesta en el mundo, sin disminución, en sus nombres divinos, fundamentalmente como amor, haciendo de todo el cosmos una teofanía, presencia divina. Aunque hay aquí un sistema metafísico, también se esboza un sendero práctico contemplativo, donde la oración es la alabanza de toda la creación y más aún se revela como silencio -la vía negativa- y desprendimiento de todo conocimiento para alcanzar un estado de comunión inefable. Además de Los nombres divinos, su pequeño tratado La teología mística, donde introduce el meta-concepto de "la oscuridad brillante" merece también considerarse.

7. La consolación de la filosofía, Boecio

Este es el entrañable texto escrito por el filósofo cristiano y senador romano Boecio en el siglo 6, cuando había sido encarcelado y poco antes de ser ejecutado por cargos de conspiración. Beocio fue traductor de Aristóteles y Platón y su obra fue uno de los vínculos entre la antigüedad y la edad media, siendo La consolación de la filosofía una de las más influyentes del medievo. El texto discurre en una conversación entre Boecio y la Dama Filosofía que lo consuela, notando el aspecto transitorio de la fama y la riqueza, revelando que el único y último bien es la divinidad, y además argumentando que la felicidad no depende de factores externos o contingentes, sino que es algo interno que participa en lo eterno. El texto es parte de una importante tradición de platonismo cristiano, que empieza con los grandes teólogos alejandrinos, en la que las ideas del filósofo griego son conciliadas con el cristianismo como parte del Logos universal. Boecio entiende que existe una unidad trascendente entre la verdad de la filosofía y la de la religión y que no existe conflicto entre la fe y la razón. Notablemente el texto no hace referencias explícitas al cristianismo, y puede leerse de ambas formas, tanto como un texto platónico como cristiano. Lo cual lo convirtió en un clásico entre numerosos padres y místicos cristianos como Tomás de Aquino y el Maestro Eckhart.

8. Itinerario de la mente a Dios, San Buenaventura

San Buenaventura, considerado doctor (seráfico) de la Iglesia, fue el heredero de la inspiración espiritual de San Francisco de Asís. Buenaventura, según él mismo relata, fue "curado" por intercesión del santo del amor a la naturaleza y escribió su biografía autoritaria. Sin embargo su obra maestra es sin duda Itinerario de la mente (o el alma) a Dios (Itinerarium mentis in Deum). Esta obra es considerada un clásico de la contemplación mística, donde se traza el sendero desde la creado hasta la unión del alma con la divinidad. Pero el sendero de Buenaventura, como el de su maestro, no es un sendero intelectual (si bien Buenaventura a diferencia de San Francisco fue un erudito de la sagrada doctrina), sino un sendero basado en el amor, la piedad y la humildad. Generalmente se distingue entre Tomás y Buenaventura, compañeros de estudio, y se dice que mientras el aquinato fue el "Aristóteles cristiano", el de Fidanza fue un segundo Agustín y la suya fue una teología del amor y la vida práctica. El papa León XIII lo llamó "el príncipe de los místicos".

9. La Divina Comedia, Dante

Un texto que lejos de ser un manual de vida, en su poder alegórico, aún así brinda una imagen sublime de la vida espiritual. El poeta sigue el sendero de la belleza hacia la divinidad y en su paso por el infierno y el purgatorio recibimos una lección de los pecados e imperfecciones que impiden la más alta unión, a través de casos ejemplares. Dante incrusta en un cosmos moralmente cristiano -aunque espacialmente ptoloméico y aristotélico- lo más altos principios de la filosofía platónica.. Al ir ascendiendo por las 9 esferas del cielo, Dante introduce las virtudes o excelencias que alcanzan la beatitud (nuestro amigo Buenaventura aparece en la cuarta esfera, la del Sol) y la belleza de Beatriz se va haciendo más intensa conforme escala hacia la rosa celestial del coro angélico. Del ascenso del alma y sus pruebas se desprende una ética, pero que no es sólo la de la moral cristiana, sino es también una estética -tanto en la forma sublime de los versos italianos de Dante, como en el magnetismo anagógico de la belleza de Beatriz y de la deidad y su colegio de santos y ángeles. Dante es guiado por Virgilio, quien representa la razón y la virtud, pero movido por el amor, pues es Beatriz la que ha enviado al poeta (este es el sentido de la filosofía mística de Platón, pero también de la teología cristiana). Como es el tema dominante de la primera parte de esta lista, se trata de otra obra más de cristianismo platónico, una feliz unión. No por nada Hans Urs von Balthasar incluye a Dante como uno de sus estilos de teología estética (aunque laica) en su monumental obra Gloria: Una estética teológica.

10. Sermones alemanes, Meister Eckhart

Una de las grandes joyas del misticismo de todas las eras y culturas, justamente por su carácter universal, los sermones vernáculos del teólogo Meister Eckhart han llamado la atención de estudiosos del vedanta y del budismo,si bien la Iglesia los consideró parcialmente herejes (Eckhart murió en el siglo 14 durante el proceso de revisión, antes de que fueran condenados). El teólogo dominico fue influido por la teología apofática de Dionisio El Aeropagita y con ello desarrollo una profunda meditación en torno al desapego del mundo creado, la negación del yo, el silencio, la oscuridad y la nada y la participación del alma en la divinidad (el perpetuo nacimiento del Logos en ciudadela del alma). Más allá de esta esta mística apofática, en los sermones de Eckhart se encuentran todo tipo de consejos morales y enseñanzas para vivir una vida justa y ética que conduce a la persona a la santidad y a la unión mística.  Eckhart en vida no publicó libros -pues no era tal la costumbre- sino pequeños tratados que eran circulados entre monjes y alumnos, pero su obra completa ha sido publicada en divesras lenguas europeas y generalmente se distinguen sus textos latinos, más teológicos y formales, de sus sermones alemanes más inclinados al misticismo y dueños de una energía radical. En ingles han sido publicados como The Complete Mystical Works of Meister Eckhart en un excelente edición de Bernard McGin.

11. Los tres libros de la vida, Marsilio Fiicino

Marsilio Ficino fue otro platonista cristiano (en su caso la acusación de Lutero a Dionisio parece más apropiada: más platónico que cristiano; si bien nnunca ha sido acogido en el seno de la Iglesia). Bajo el auspicio de los Medici, Ficino tradujo la obra completa de Platón, además de los textos más importantes del neoplatonismo y el Corpus Hermeticum.  La obra de Ficino consiste fundamentalmente de numerosas cartas y pequeños tratados, de su monumental Teología platónica y de un texto quizás un poco más fácil de acceder y ciertamente más folclórico, De triplici vita (Los Tres libros de la vida). Estos son: De vita sana (Sobre la vida sana), dedicado a ayudar a a los eruditos a alcanzar un vida sana a través de los hábitos adecuados (Ficino era médico de formación, además de astrólogo y sacerdote). De vita longa (Sobre la vida larga), donde Ficino ofrece consejos para vivir y morir bien, particularmente orientado a los viejos. El tercero y en el cual queremos hacer énfasis es De vita coelitus comparanda (Sobre la obtención de la vida de los cielos), aquí Ficino reflexiona y provee una serie de técnicas mágicas y filosóficas para hacer que el ser humano tome energía de los objetos celestes y armonice su vida con el cosmos. En este texto se hace una exposición de la magia astrológica y su relación con los elementos, las piedras preciosas, las plantas y demás objetos que son capaces de captar los espíritus planetarios. Ficino enseña a hacerse como el cielo y a nutrirse espiritualmente, por todos lados dejando prueba de una erudición extraordinaria, como una especie de Da Vinci del esoterismo y la filosofía, un verdadero hombre renacentista, y ciertamente uno de los principales responsables en gestar esta nueva época del pensamiento.

12. La noche oscura del alma, San Juan de la Cruz

Resulta difícil elegir entre los cuatro tratados (poemas con sus respectivos autocomentarios) de San Juan de la Cruz, pero la Noche oscura del alma ha sido el que más repercusión a tenido, si bien el Cántico espiritual (glosa poética del Cantar de los Cantares) y su Subida al Monte Carmelo (sobre el ascenso del alma a la unión divina) podrían bien aparecer también en la lista. San Juan de la Cruz. La "noche oscura del alma", que se ha convertido en un figura de uso común para describir toda prueba in extremis, también trata sobre la unión del alma con la divinidad, siguiendo el sendero apofático o negativo trazado por otros grandes místicos de la tradición cristiana (como ya hemos visto). San Juan dispone en el comentario, el cual escribió para a las monjas que tenía bajo su instrucción, las diferentes etapas de esta unión empezando por la vía purgativa o purificatoria, la cual consiste tanto en una serie de conductas morales como en un ardor devocional y un recogimiento contemplativo que abandona los estímulos mundanos para fijarse en la divinidad. Una merecida mención también a Las moradas del castillo interior de Santa Teresa de Avila y a la obra visonaria de Juliana de Norwich, Revelaciones de amor divino.

13. Centurias, Thomas Traherne

El poeta, téologo y sacerdote anglicano Thomas Traherne es seguramente uno de los menos conocidos de esta lista, sin embargo, sus Centurias, descubiertas más de dos siglos después de su muerte, se han ganado un lugar dentro de los clásicos de la espiritualidad occidental en el último siglo. La prosa poética de Traherne revela una mirada de inocencia paradisiaca, el poeta y teólogo mira el mundo como en el primer día, con ojos adánicos y descubre el brillo de la eternidad en las cosas manifiestas, anticipando algunas de los modos visionarios de William Blake, quien vería un mundo en un grano de arena o el cielo en una flor silvestre. Suya es esa infancia espiritual que permite deleitarse con todo lo que aparece en el lienzo de la conciencia y reconocer su origen divino, tanto la condición de entrada al reino del cielo como el origen de la filosofía.

Próximamente la segunda parte, del siglo XVII a la actualidad... 

 

COMO EL RÍO DE HERÁCLITO, TAMBIÉN LOS LIBROS NOS TRANSFORMAN CONFORME LOS RECORREMOS

La lectura es un recorrido, no sólo por el hecho evidente de que leer significa ir de la primera letra de una palabra a la última, de la primera palabra de una frase a la última, de la primera frase de un párrafo a la última, y del primer párrafo de un libro al último. No sólo por eso. También porque leer es una actividad que, al hacerse, nos transforma. 

Los mejores libros son aquellos en donde algo pasa, tanto interior como exteriormente, tanto con el libro en sí como con su lector: la trama evoluciona, la historia cambia, los personajes se desarrollan, pero también quien lee va cambiando poco a poco, a veces sin que se dé cuenta de ello: le toma simpatía a tal o cual personaje, animadversión a otro, las ideas del autor le parecen similares a las suyas pero también, de pronto, admite puntos de vista que hasta entonces no había considerado. Y así, ese lector que comenzó el libro en el punto A, en la primera letra que leyó, no es el mismo que llega al punto B, a la última página de su tomo.

En esta ocasión quisimos compartir libros que tienen en común ser particularmente extensos. No se trata de obras que se lean en 1 o 2 días, y quizá ni siquiera en un par de semanas. El propósito fue hacer sugerencias de libros que por el tiempo que toma leerlos, quizá hagan más evidente al lector esa transformación a la que aludimos. Como ocurre en la vida, que después de pasar mucho tiempo con una persona nos percatamos que ha cambiado tanto como nosotros mismos pero, en el mejor de los casos, la relación se sostiene.

Como en otras listas de esta sección, la de ahora no es exhaustiva, su orden no refleja alguna jerarquía en particular y los criterios para elegir los títulos mostrados oscilan entre el placer y la seriedad, entre la posibilidad de disfrutar un libro pero también de mover a la reflexión del lector.

 

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami

Haruki Murakami ha dicho en algunas entrevistas que, en cierto momento de su trayectoria como escritor, se enfrentó a un dilema: ser un autor “under”, conocido por los lectores de su país, quizá premiado en Japón (como sucedió con uno de sus primeros libros), pero poco más que eso o, por otro lado, intentar escribir algo que pudiera ser un verdadero éxito en ventas, que pudiera permitirle vivir realmente de ser escritor y que lo hiciera conocido más allá de sus fronteras natales. Como es evidente, eligió la segunda opción y escribió Tokio blues (1987), la novela que efectivamente le dio fama mundial 

Sin embargo, a diferencia de otros autores de best sellers, Murakami nunca renunció a escribir literatura. Tokio blues quizá sea una novela que hace numerosas concesiones al lector (con el propósito de ser lo más accesible posible), pero por su formación misma o por sus aspiraciones como escritor, el deseo de Murakami de agregar así sea un párrafo a la historia de la literatura, está ahí.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo fue publicada originalmente entre 1994 y 1995 en Japón. Es decir, es posterior al primer gran éxito de Murakami, pero su concepción todavía está anclada en las inquietudes de sus primeros libros: la creación de un mundo en donde el sueño y la realidad no están claramente diferenciados, la incomprensión del amor y en general de las relaciones entre hombres y mujeres, la melancolía que a veces se asienta sobre la existencia y más.

 

Noticias del Imperio, Fernando del Paso

A primera vista, esta novela es solamente una novela histórica. Su base, sin duda, son los hechos relacionados con el “reinado” de Maximiliano de Habsburgo al frente del Segundo Imperio Mexicano. Sin embargo, más allá de la historia, Fernando del Paso edificó una obra que también habla de la locura, de la condición de ser mujer, de la dificultad del amor, de la crueldad inherente a la historia humana y varios otros temas afines, todo ello con un dominio magistral del español.

 

2666, Roberto Bolaño

Roberto Bolaño escribió esta novela en una especie de carrera contra la muerte, cuando sabía ya de la enfermedad que a la postre acabaría con él. En ese sentido, no es una novela sencilla, por más que, como otras obras suyas, esté escrita con un español que sin dejar de ser literario, es de algún modo accesible (Bolaño era un gran contador de historias), pero los hechos que relata quizá no estén hechos para todas las sensibilidades. De cualquiera manera, es un libro escrito con la vida pendiendo de un hilo, y eso se nota.

 

Los hermanos Karamázov, Fiódor Dostoyevski

La vida se entiende de cierta manera antes y después de leer a Dostoyevski.

 

Guerra y paz, León Tolstói

Enmarcada en la época y los efectos de las guerras napoleónicas (y particularmente los años de la invasión de Napoleón a Rusia), Guerra y paz es uno de esos libros de los que puede decirse que tratan prácticamente de todo, una afirmación que sin duda necesita acotarse a la época y las condiciones de Tolstói, pero que aun así se sostiene. En español, la mejor traducción existente es la que realizó Lydia Kúper y fue publicada por El Aleph Editores y Del Taller de Mario Muchnik.

 

Vida y destino, Vasili Grossman

Esta novela de Vasili Grossman ha sido llamada la Guerra y paz del siglo XX pues, como la de Tolstói, buscó retratar la manera en que la vida de una persona, una familia, una sociedad y un país se transforman a partir de un conflicto bélico, en su caso, la segunda guerra mundial.

 

El hombre rebelde, Albert Camus

Una de las ventajas de Albert Camus como autor es que, a diferencia de otros filósofos o escritores en general, con él suele ocurrir que el lector tiene la impresión de estar en compañía de un amigo, quien quizá monologa un poco, o expone un tema, pero siempre con cierta calidez, sin aires de superioridad, sin perder nunca esa proximidad intelectual pero también afectiva. Particularmente en sus ensayos suele sobrevenir esta sensación, pues aun cuando los temas tratados no son de suyo sencillos, Camus logra tender un puente entre ideas, autores, tesis filosóficas y la comprensión hipotética del autor.

 

Hamlet, William Shakespeare

Que una obra de teatro figure en esta lista puede parecer un tanto imprevisto, pues a diferencia de los otros títulos, ésta no ocupa varios cientos de páginas de un tomo. No obstante, sí es la obra más extensa de Shakespeare y, por mucho, la más comentada. Si la agregamos es justamente por eso: porque quizá su lectura tarde no más de algunos pocos días, pero su efecto seguramente se extenderá por mucho más tiempo. Indudablemente, la traducción de Tomás Segovia es la mejor en español.

 

Paradiso, José Lezama Lima

Paradiso es un viaje a la exuberancia caribeña en varios sentidos: en su cultura, en su lenguaje, en las raíces que le dieron origen. Puede no ser un libro no del todo sencillo, pero si logras adentrarte en él, seguramente te mostrará posibilidades del idioma español que no habías considerado hasta ahora.

 

Un libro clásico

Borges cuenta en Siete noches que la primera vez que leyó la Comedia fue en el trayecto que hacía en tranvía de su casa en Las Heras y Pueyrredón (en la Recoleta) a una biblioteca en el barrio de Almagro donde trabajaba. Borges, como cualquier otra persona, leía en el transporte público, y en su caso eligió leer a Dante.

La anécdota sirve para mostrar que, en cierto modo, cualquier libro puede leerse en casi cualquier condición. A veces ciertos autores o ciertas obras están rodeados de un aura de respeto o solemnidad que más bien nos inspira a evitarlos y no, como sería mejor, a acercarnos a ellos. ¿Pero por qué no pensar que la Odisea puede leerse mientras vamos de camino al trabajo o la escuela? ¿Por qué no creer que uno o dos capítulos del Quijote pueden hacer más agradable el tiempo en que esperamos a un amigo?

Para leer, hay únicamente dos requisitos verdaderamente imprescindibles: saber hacerlo y disfrutarlo. Después de eso, el libro que elijas seguramente te llevará a otros más.

 

 

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