La vida es un asunto musical

 

Viajar me ha dado muchas respuestas, pero también me ha generado muchas preguntas. ¿Cuál es el sentido de la existencia? ¿De qué se trata vivir?

Navegando por internet llegue a una compilación de reflexiones del filósofo británico Alan Watts, esto es lo que encontré.

La existencia, el mundo físico es básicamente un juego. No hay nada realmente necesario y no va a ninguna parte, no existe un destino final al que se deba llegar.

¿Suena complejo no? Tal vez sea más fácil entender el concepto de la existencia utilizando como analogía la música. Porque la música, como una  expresión artística es también, en esencia, un juego. Tomemos como ejemplo un viaje, cuando viajas es tratando de llegar algún sitio, en la música, sin embargo no compones pensando en el final de una pieza o de una canción, el punto es la composición misma.

Si no fuera así los mejores directores de orquesta serian aquellos que tocan más rápido para cerrar un concierto, habían compositores que se conformarían solo con escribir finales y la gente iría a un recital solo para escuchar el último acorde, porque ese es el final.

Lo mismo pasa con bailar, cuando estas en un salón de baila no te concentras en un único punto de todo el espacio, obligado a llegar a ese lugar. El objetivo de bailar, es el baile mismo y nada más. Pero no lo vemos de este modo, en la forma que nos comportamos diariamente porque no fuimos educados de esta manera. Tenemos un sistema educativo que da una impresión totalmente diferente, todo, absolutamente todo es por niveles. Primero vas al jardín de niños y es maravilloso porque cuando terminas pasas a primer año y eso te llevo al segundo y así sucesivamente hasta que pasas de la primara a la secundaria, luego a la preparatoria y… ¡SÍ! ya casi alcanzas el final, lo sientes cada vez más cerca. Entonces entras a la universidad te gradúas y después de graduarte te unes por fin al mundo de los adultos. Empiezas a trabajar en una compañía de seguros, tiene que cubrir una cuota, lo haces y pareciera que siempre vas un paso detrás, preocupándote por el siguiente. ¡Ya casi llega eso que tanto anhelas! Ya casi, ya casi llega el éxito por el cual has estado trabajando toda tu vida

Y así un día despiertas con cuarenta y tantos años de edad y dices: “Dios mío, llegué. Ya estoy aquí”. Pero en realidad no te sientes tan distinto a cómo te has sentido siempre, porque todo el tiempo, a lo largo de nuestra vida nos estuvimos engañando. Creíamos que el viaje era la analogía perfecta de la vida. Una peregrinación con un propósito realmente importante que nos esperaba al final, donde el objetivo era llegar a ese final. Un gran final llamado éxito, o el eterno paraíso cuando mueras, pero nos equivocamos. Porque perdimos de vista lo más importante, la vida era un asunto musical y se suponía que bailaras o cantaras con la música que te acompaña.

 

 

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