El grito del silencio

 

Es particular y significativo que ante la ausencia de un argumento sólido, se ataque por antinomia aquel que creemos falaz.

¿Somos siendo si solo somos aquello que decimos ser por simple oposición?

¿No es esta una posición simplista?

Es a lo que me expongo cada vez que intento preguntar o comprender algún hecho particular de nuestra historia. Detrás de cada uno de los calificativos rutinarios que usamos para categorizar algo solo existe cierta limitación, y no porque ponerle nombre a las cosas sea erróneo, sino tal vez porque ante lo desconocido utilizamos una semiología apresurada, espero que esto no solo sea por temor, que paradójicamente es mi mayor miedo.

Somos participes de una sociedad donde si elaboramos ciertas preguntas, reflexiones o pensamientos estamos condenados a ser partícipes de una categoría que no nos pertenece.

Sos gorila, sos golpista, sos populista, sos un negro, sos un villero. sos un facho, sos zurdo, anarquista. sos... sos...

Que algo nos defina como algo mas allá de nuestra condición de seres humanos es preocupante. Nos catapulta a un sistema cerrado. Es a lo que me enfrento cada vez que intento comprender la historia de nuestro país. Si yo no soy azul... ¿entonces tengo que ser rojo? ¿Así funcionaría verdad?

Somos capaces de construcción. Que la síntesis de una tesis no sea la antítesis sino una nueva elaboración.

Y esto a criterio perceptivo personal lo siento en cada suceso diario, mensual, anual, histórico.

En el país de la pasión donde el héroe es quien más rápido llega sin importar como. Somos la cultura de la viveza criolla, aquella que no es perversa, sino pícara. Aquella viveza que se acaba cuando nos toca la puerta y somos los más grandes elaboradores de la ética ciudadana.

Es un lindo espectáculo que repito, repetimos y que cuando las papas queman nos arrepentimos de ser los actores la obra.

Como significamos cada situación de lo que nos es real, es similar. Tangenciamos todo aquello que necesita dejar un registro dentro de nuestra historia. Total "ya fue".

Lo que no se elabora se repite, hasta el cansancio, hasta que lo que no es nombrado puja por hacerse oír.

¿Cuántas palabras callamos en nuestro país? ¿Cuántas veces estamos empujados a tener que repetir lo mismo para darnos cuenta?

¿Usted no percibe que lo que vivimos a diario ya no lo vivimos? Y reaccionamos de la misma manera. Piénselo. Algún ejemplo... inseguridad... gobiernos... líderes... educación... pobreza... etc.

Estamos en el mejor momento. El presente. Aquel más valorado para torcer nuestro devenir en materia conocida.

Rompamos con lo cotidiano del pertenecer simplista y seamos los mayores críticos de nuestra propia cotidianidad. Para que lo mundano no nos sorprenda siempre con la misma historia y condicionados por las mismas respuestas.

Por Nicolás Rosacher

 

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