¿Qué nos pasa, San Rafael?

 

Muchas veces solemos leer en diarios extranjeros sobre San Rafael, que nuestro departamento es uno de los mejores lugares del mundo para vivir. Por sus hermosos paisajes, por la simetría de la ciudad, por su actividad económica, su cultura y su calidez, entre otros factores. Pero sobre todo, y no lo digo yo, sino los miles de turistas que nos visitan mensualmente, por su gente.

El sanrafaelino, y no el mendocino ni el ciudadano del Sur, el sanrafaelino puntualmente se ha destacado por ser un tipo ameno, entrador y acogedor con los de afuera y los de adentro. Todavía tiene la esencia del "pueblerino", del tipo bueno y que no molesta a nadie, que sabe respetar y siempre está atento para dar una mano. Y ésta es una verdad y no es una mera apreciación orgullosa. Pero es una verdad que está siendo cuestionada con los antecedentes que nos han perturbado en los últimos tiempos.

Sin ir más lejos, el sábado por la noche, precisamente a las 23, un automovilista atropelló a un ciclista y huyó. Nuevamente, sí. No aprendemos con lo que pasó con Franco Cerda, aquella noche del 26 de marzo. Ese automovilista, del cual no se conoce la identidad, no respetó la vida de Julio Acaya, de 36 años, al dejarlo tirado y moribundo en la calle Ejército de los Andes tras embestirlo. No lo respetó a él, no respetó sus sueños, no respetó a su familia. No respetó. ¿Qué nos pasa, San Rafael?

Y si seguimos atrasando algunas páginas, nos encontramos con asesinatos a sangre fría, luego del hecho sin precedentes en nuestras tierras el 16 de abril de 2015, cuando a quemarropas le quitaron la vida a Roxana Toledo.  ¿Qué nos pasó, San Rafael?

El viernes, hace apenas tres días, amanecimos con la noticia de que ultimaron a un joven de 25 años en la puerta de su casa con un revólver. Alexis Gaurón fue asesinado, por vaya saber quién, cuando estaba con su hermano en la vivienda que compartían con sus padres en San Martín y Granaderos, a escasos metros de la terminal. No conocemos la historia de Alexis, como tampoco la de Alfredo Videla, quien fue baleado el 5 de mayo en avenida Mitre al 1.800 en plena mañana, pero lo que sí sabemos es que no somos dueños de la vida de nadie. Y a la vida hay que respetarla, bajo cualquier juicio propio sobre el otro. ¿Qué nos está pasando, San Rafael?

Y lamentablemente la lista sigue, y podría continuar aún más. No podemos olvidarnos de Gastón López, el joven de 17 años que fue golpeado de un botellazo en la madrugada del domingo 22 de mayo y que estuvo 17 días en terapia intensiva hasta que confirmaron su muerte cerebral y donaran sus órganos. A Gastón no lo respetamos. No lo respetaron desde los guardias del boliche que lo dejaron pasar siendo menor hasta quienes le dieron la feroz golpiza. No respetaron su vida, la despreciaron. 

¿Qué fue lo que nos pasó, San Rafael? Realmente, sería un hipócrita tratar de explicar qué pasó, porque no lo sé. O tal vez sí, pero creo que queda a criterio de cada uno analizar la situación y revertirla. Porque si no la cambiamos nosotros, quienes cohabitamos en el mismo suelo, no la van a cambiar desde afuera. Y si esperamos que la justicia o las leyes comiencen a tener mano dura para que nos ordenen y rijan, estamos perdidos. Somos nosotros los que nos cruzamos todos los días, con el vecino a quien vemos al salir de casa; con el peatón que quiere cruzar la calle; con el ciclista que se encuentra a la orilla del camino cuando pasamos rápidamente en el auto. Somos nosotros que con pequeñas acciones podemos revertir esto. No es tarde, prevengamos. Empecemos desde casa, educando, pero no con palabras, sino con el ejemplo, para que el día de mañana no nos tengamos que preguntar nuevamente: ¿Qué nos pasa, San Rafael?

Por Emiliano Rodriguez / Ojos de Café

 

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