No sé si debo volver a la Feria del Libro como espectador

 

No sé si debo volver a la Feria del Libro como espectador, porque después de ver semejante monstruo edilicio vestido de libros, artistas y cultura, tengo la impresión de que es casi una obligación colaborar activamente en la próxima edición.

Fueron cuatro días en donde las hojas, algunas añejas, otras recién impresas, coloreaban las paredes de un Centro de Congresos completamente preparado para recibir un proyecto de tal envergadura.

Fui el primer día, sin saber que iba a encontrarme y lo primero que descubrí, fue la sonrisa de las autoridades que estaban con los nervios a flor de piel por no saber bien cuál sería el resultado de organizar una feria que reunió literatura, teatro y música a la vez.

Y todo pensado para los más jovenes, tanto cómo la hermosa siesta que pasaron en la Escuela Garbín bailando junto a Raly, un maestro de la guitarra y la cultura. Tres canciones y mucha felicidad.

No sé si volveré cómo espectador, porque después de ver a un joven de 13 años rapear una canción de amor, después de ver una joven escribir su libro de poemas y presentarlo al público, porque después de ver que Dorian Maronich y Lisandro Aristimuño pueden estar a la misma altura de silenciar un auditorio y que lo único que se escuche sea una voz y su guitarra, porque después de ver todo eso, me siento obligado a colaborar.

La cultura no debe tener colores políticos dicen por ahí y saber que en esta Feria del Libro, lo menos que hubo fue partidismo, es una gran sensación de alegría. Ver al Secretario de Cultura de la provincia, Diego Gareca, quien es de un color político, gestionar y trabajar en conjunto con el director de Cultura de San Rafael, habla de que saben destacar las prioridades a la hora de trabajar. Ver al intentende Félix, junto a Lucas Quesada, junto a Diego Rodríguez y junto a Federico Zamarbide, uno de los que están detrás del Alfredo Bufano, me llenó de satisfacción.

Pero vamos a lo que sucedió en la Feria puntualmente. Libros de historia en manos de eternas historiadoras como María Elena Izuel, mezclarse con libros de adolescentes, es magia pura. Que Luisa Calcumil de una charla en una escuela primaria y cuente la historia de amor del Sol y la Luna, es magia pura. La Feria del Libro, fue magia pura.

Lo debo admitir, me han dado ganas de escribir un libro, de cantar, de bailar, de leer, de aprender de quienes más saben e hicieron de esta Feria, un fin de semana inolvidable para aquellos que sueñan con una cultura más presente.

Más de 1000 personas en silencio siguiendo de cerca los acordes de Raly Barrionuevo y Lisandro Aristimuño. Un público cautivado por la gigantesca presencia de Raúl Barbosa.

Y claro que falta mejorar, siempre es así, es la condición del ser humano, superarse. ¿Cuáles son los puntos a mejorar? Simplemente, como espectador, no lo sé, pues yo me sentí levitando en las baldosas del Bufano.

Habrá quienes critican, quienes destruyen y quienes nunca jamás podrán sacarse el resentimiento que cubre sus almas, porque realmente esta Feria del Libro se organizó muy bien, se respetó los horarios, se respetó el cronograma, se respetó a los libros y eso es lo más importante.

Una de las mujeres estelares de la Feria fue sin dudas María Kodama. Su presencia, soñadora y melancólica, trajo consigo decenas de seguidores del gran Jorge Luis Borges. 

La vicegobernadora Montero también estuvo presente y habló de los jóvenes, porque ellos no son el futuro, el futuro llegó hace rato, ellos son puramente el presente y mientras este tipo de ferias se sigan organizando, podemos tener la esperanza de que todo estará mejor.

Soy de quienes creen que la cultura, la educación y el trabajo en conjunto, son pilares fundamentales para el desarrollo de una sociedad, incluso más que la política en sí mismo. Y cómo creo en eso, no sé si volveré a la Feria del Libro como espectador. Me siento obligado a colaborar con semejante festival de amor hecho palabras, de pasiones bailadas, de nostalgias cantadas con la voz del alma.

Que esto no sea una única vez, que el año que viene, la Feria del Libro siga este rumbo y sea doblemente más grande, de nosotros también depende.

Sin más, desde Ojos de Café felicitamos a todos los organizadores de la Feria del Libro edición San Rafael 2016.

Martín Falcone

Martín Falcone, 28 años, director editorial de Ojos de Café.

 

 

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