La utilización de la defensa legítima explicada por un abogado

 

En los últimos días y meses, ha tomado relevancia el tema de la legitima defensa ante situaciones violentas, como entraderas, asaltos, etc.-

Día a día somos bombardeados con diferentes posturas y teorías sobre el tema, sin preocuparnos por lo verdaderamente importe. La vida humana.-

La legítima defensa, no es otra cosa que la posibilidad de rechazar un ataque o agresión determinada, inminente e injustificada a los derechos o la persona, mediante una reacción racional y necesaria. El Código Penal establece que quien actué en esas condiciones no es punible, es decir, no será sancionado o reprochado por ese hecho.-

Ese hecho no sancionable abarca los resultados del rechazo del ataque o agresión, tales como lesiones, muerte, etc.-

La ley explica que el ataque debe consistir en una conducta humana agresiva y antijurídica, es decir, no puede consistir en el ejercicio de un derecho por parte del atacante.-

Ahora bien, resulta que ante la creciente inseguridad, muchas veces se presenta como el único medio para defender nuestros derechos y bienes.-

No se debe caer en el error de pensar de que cualquier conducta en la que nos “defendamos” de un ataque está amparado por esta figura. La ley solo otorga este instituto a aquellas personas que prueben en el marco de un proceso penal, que tuvieron que rechazar un ataque agrediendo a otra persona por no poder esperar el auxilio de las fuerzas de seguridad que correspondan. También se debe probar que se utilizó para rechazar el ataque, un medio proporcional a la agresión recibida. A modo de ilustrar lo dicho, podríamos pensar en que una persona que mato de un balazo a un niño que se cruzó a su jardín a robar un fruto de un naranjo de su propiedad, no podría considerarse legítima defensa, porque no hay ni proporcionalidad ni racionalidad.-

Sin perjuicio de todo lo analizado, lo cierto es que el intentar repeler una acción delictiva de cualquier índole, se actúa con los sentimientos a flor de piel, con miedo y odio, y ello no nos permite adoptar la solución correcta. Asimismo, tampoco debemos olvidar que no es común para el ciudadano promedio la utilización de armas contra personas, y por ello, con los nervios exacerbados, la conducta destinada a amedrentar o rechazar al atacante, puede terminar con consecuencias desastrosas para nuestra persona, nuestros seres queridos, o terceros.-

Por César A. Gutiérrez Papernó / Matrícula 8804

 

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