La Iglesia y su triste historia de abusos

 

En el 2013 el cura Fernando Yáñez fue encausado por delitos relacionados a la sexualidad. Quedó en libertad y continuó al cuidado de menores en el hogar San Luis Gonzaga, de Monte Comán.

Varios años atrás se comenzó a conocer por el mundo, casos de personas directamente relacionadas con la Iglesia y delitos sexuales de los cuales habían sido culpables. La Iglesia no es una institución nueva, está más que claro, pero sí lo son las denuncias que fueron haciéndose públicas.

El fenómeno de abuso tiende a ser silenciado debido al carácter culpabilizante que tiene para el que lo comete, y al carácter vergonzante que tiene para el que lo padece. Así, varios procesados y declarados culpables, solo pagaron sus delitos siendo trasladados a llevar “la palabra del señor” a otras tierras.

La Argentina, pese a tratarse de un país laico, en la Constitución Nacional establece el sostenimiento del culto católico y, gracias a una ley de la última Dictadura, el Estado debe encargarse de costear salarios y jubilaciones de arzobispos y obispos, además de otorgar exenciones impositivas y partidas por miles de millones de pesos al año para subvenciones educativas. Esta situación va a contramano de lo que sucede en la mayoría de los países occidentales, inclusive en los vecinos Brasil, Chile o Uruguay, en donde el Estado no financia -al menos no directamente- a ningún tipo de culto.

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“Sí, yo fui un cura pedófilo” dijo él del Instituto Próvolo. "Uno está saturado y revienta por algún lado… tiene 18 años no es un chico, y he pedido que me los saquen, que los alejen de mí porque padezco tanta presión y amarguras, que ya no soporto más" dice el padre Fernando Yáñez en el audio que lo compromete. Audio que Yáñez negó e incluso afirmó estar editado, en una maniobra para dejarlo mal parado. Explicó a radio Nihuil que el expresó que necesitaba cariño, no sexo.

Sería iluso pedir que los máximos responsables de la Iglesia Católica expresaran algo al respecto, más siendo argentino el actual jefe, pues porque nunca han dicho nada. De hecho, lo silencian y minimizan.

La Iglesia recibe millones de pesos del Estado, es dueña de incuantificables inmuebles repartidos por todo el país, hasta incluso el 95% del Luna Park. Manejan donaciones y testamentos millonarios que dejan sus devotos. Básicamente, es una institución millonaria. Pero el problema no radica solamente en la cantidad de dinero que manejan quienes predican desde los sillones de oro, la paz y el amor. El problema es de quienes tienen las intenciones verdaderas de trasmitir un mensaje de esperanza, de fe, son aquellos simples ciudadanos que creen en su Dios y nadie puede negarlo. Ellos recorren el día a día y muchos deben soportar ortodoxas formas de predicar un mensaje, muchos de ellos viven con la normalidad, que se les permite, ya que es la Iglesia misma quien no quiere herederos ahí dentro, de hecho exige el celibato.

Independientemente de que suena raro que el estado banque a la Iglesia, es hora de llamar a la reflexión y recapacitación de muchas decisiones que han traído grandes problemas a la humanidad.

El amor no necesita dinero. El paso del tiempo demuestra día tras día que la prohibición es un arma de doble filo.

Son las autoridades de la Iglesia, las que deben reaccionar y si quieren realmente almacenar el mensaje divino, deben dejar de ser cómplices de muchos silencios que duelen bien en el alma que tanto mencionan.

Un cura es pedófilo no porque es cura, sino porque es pedófilo. Las etiquetas solo suman a las estadísticas, que nos rompemos los derechos no hace falta afirmarlo, sucede desde hace miles de años y es una lucha incesante la de buscar respetar al que está al lado nuestro. Pero que un cura pedófilo sólo pase a otra ciudad para continuar con su predicación, es una aberración.

Grassi no debe tener privilegios por ser Grassi. Y cualquiera otro que sea, relacionado al mundo de la religión, tampoco. Cada uno elige a su Dios, pero la justicia terrestre, es el acuerdo común de un montón de personas que creen en diferentes cosas, tienen diferente color de piel, les gusta acostarse con quien lo deseen, pero con un punto en común, hacer lo que se deba y quiera hacer, sin molestar a nadie que no lo merezca.

La Iglesia, debería pensar en dejar de ser, la Iglesia que ha sido todo este tiempo pasado y colaborar con la justicia para que aquella minoría, que delinque en nombre de una cruz, sea juzgada sin ningún santo que los esconda.

Por Martín Falcone

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