La idoneidad como valor en un cargo público

 

Nos estamos olvidando de algo y cada día que pasa parece que se pierde entre el discurso gratuito de las calles y las redes sociales. Dos mundos tan opuestos como conectados en la forma en que nos comunicamos. Pero de algo nos estamos olvidando.

Partir de la acción denigrante de usar una pared como lugar para posar un mensaje ofensivo, resentido y falaz sobre una persona es partir de un acto de cobardía, que encima arruina lugares donde un artista puede hacer su trabajo. Y vale por eso mejor dejar de lado el suceso y entenderlo como algo aislado a lo importante.

La cultura es algo que a la mayoría de quienes lean esta columna, y por sobre todo a quien la escribe, nos queda enorme como concepto para explicar qué es lo que sucede en una sociedad cuando alguien idóneo está al frente de tomar decisiones que permitan el desarrollo de la misma. Nos queda enorme porque probablemente disfrutemos ser espectadores de la materia, lo cual no está mal, de hecho es sumamente necesario.

Varios años atrás se produjo “Gastronautas”, el programa local de televisión tal vez más original entre los demás, el cual incluso fue nominado a un Martín Fierro. En San Rafael se han filmado películas un par de años atrás.  Hubo una sala que fue mutando, solo por la energía de lo que allí sucedía, a convertirse en un espacio para actores, músicos y demás artistas locales. Allí mismo habían talleres para niños, incluso títeres que cobraban vida, todo por apenas unas monedas. Porque es ahí, en las pequeñas autogestiones, donde menos dinero llega y capaz que esté bien que así sea.

En todo lo nombrado anteriormente, ha estado Diego Rodríguez Caligaris, el actual director de Cultura de San Rafael, quien es una persona que conoce a la gran mayoría de artistas, músicos y personas relacionadas a la cultura y sus problemas a la hora de trabajar, dado a que ha estado de ese lado mucho tiempo, precisamente desde su regreso luego de estudiar cine en La Plata.

Gestionó obras con artistas de gran talento y reconocimiento, gestionó funciones de pequeñas ideas que con poco público cosecharon igual sus aplausos. En fin, una persona que ha aportado mucho culturalmente a nuestra ciudad.

Hoy ocupa un cargo público importante, lleva pocos meses de gestión y ha buscado realizar su trabajo de la mejor manera posible. Nada indica que el éxito esté asegurado, pero si hay algo que cualquier persona que conozca al menos algo de Diego Rodríguez puede asegurar, es que es una persona sana, honesta y bien intencionada.

Nos estamos olvidando de algo y es que hoy en día parece más importante ser de algo que ser alguien. ¿Por qué tenemos que ensuciar con color todo? ¿Por qué alguien tiene que soportar que te insulten con tanta liviandad en una pared o “muro”?

Esta gestión cultural se va a equivocar, seguro, porque nos equivocamos todos, pero debemos sacarnos las caretas y poner en valor la honestidad intelectual de las personas.

Estamos subidos en una montaña rusa de esas que van tan rápido que se pierde la concepción de velocidad y entre esos giros violentos que hace, afloran las malas intenciones de personas que poco han hecho.

No comprar el morbo, tarea de hoy; fruto del futuro. Estoy seguro que el primero en pedir la renuncia al cargo de director de Cultura en caso de mal desempeñarse, sería Diego mismo. Mientras tanto creo que es hora de valorar un puesto cubierto con idoneidad y valores. ¿Los resultados? Nadie es dueño de los resultados.

Es mucho más fácil criticar una decisión que tomarla. Durante la última década se tomaron pocas decisiones en cultura, ahora que alguien activó el sistema se nota quienes no hacían nada y por eso se enojaron.

Martín Falcone

Martín Falcone, 28 años, director editorial de Ojos de Café.

 

 

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