El tabú de una sociedad cuasi perfecta

 

¿Qué es lo que lleva a una comunidad a romper con aquello que es tomado como normal?

Es una pregunta que me formulo cada vez que trato de interpretar el funcionamiento de nuestra sociedad local.

Una respuesta tal vez  sea romper con el "status quo" que nos atraviesa, entendiendo que la mayor reflexividad que una sociedad puede afrontar es aquella que realiza una crítica de la vida cotidiana que lleva a cabo, entendiendo que lo preestablecido no existe, y que la verdad de la norma no es tal, sino un proceso constructivo, constante y de conjunta participación.

Usted se preguntará  que tiene que ver dicha introducción con una sociedad, la sanrafaelina, en la cual nada funciona muy lejos de la norma. ¿Realmente hay algo que nos tendremos que reprochar? ¿Algo que aprender? ¿Algo de que responsabilizarnos?

Y desde mi pequeña posición, creo que sí, muchas, y una particular que horroriza por su cualidad y más todavía por la indiferencia.

Me estoy refiriendo al caso de Paula Toledo, adolescente asesinada brutalmente en el año 2003.

Desde mi posición abogo por una crítica, constructiva, en la cual podamos cuestionarnos las consecuencias de nuestras actitudes.

Paula fue una adolescente como tantas en san Rafael, pero posee en su memoria, una característica que muchas comparten desgraciadamente, la indiferencia.

Ella fue la víctima de una atroz violación seguida de homicidio en el barrio El Sosneado en el año 2003.

Una causa que no tiene detenidos ni responsables cívicos por negligencia de cargo.

Más brutal que el acto cometido, es la actitud indiferente de una sociedad que protagoniza permanentemente el papel del "a mí no me toco" y del silencio.

Me gustaría cuestionarle a cada uno de aquellos a quienes lleguen estas letras, como podemos permitir que en nuestra comunidad, compartamos el día a día con asesinos absueltos, con profesionales incompetentes y con nuestra propia vergüenza de refugiarnos en la indiferencia.

Es alarmante observar como cotidianamente suceden hechos graves de cualquier índole en nuestro departamento y solo optamos por poseer una actitud pasiva, casi sumisa ante una realidad que también nos pertenece.

Dejar pasar homicidios, actos de corrupción, estafa, inseguridad, violencia... sin siquiera pestañar, porque como sanrafaelinos nunca nos cuestionamos un poco cada día que lugar ocupamos en nuestra comunidad.

¿Será que aquello que callamos es un poco de cada uno de nosotros? Que nos avergüenza y que nuestra falsa moralidad ante lo ocurrido no nos permite ver. Siempre es mejor callar, y aparentar ser un buen vecino en una sociedad donde el silencio es funcional al punto de permitir actos deshumanos.

Yo me pregunto, ¿Cómo es posible siguiendo la línea de pensamiento respecto del homicidio de Paula, como permitimos que jueces que actuaron con negligencia se jubilen con honores, jubilaciones completas y den clases como personas honorables?

Como permitimos que el doctor Francisco Talio, médico forense, implicado en el más alto grado de negligencia en su cargo haya seguido activo en su puesto, sin siquiera poseer un sumario?

Es inadmisible como permitimos acostumbrarnos a la miseria de ser observadores pasivos de dichos sucesos y sin siquiera inmutarnos.

La realidad no la encontramos en el noticiero que vemos por nuestros televisores, la encontramos apenas cruzamos la verja de nuestra casa en las calles de nuestro departamento.

Tal vez sea que tendremos que aprender de la fábula del ratón de la ratonera, la cual reza "La próxima vez que oigas decir que alguien está delante de un problema y creas que el problema no merece tu atención, acuérdate que, cuando hay una ratonera en la casa, toda la hacienda corre riesgo. La empatía, ponerse en la “piel” del ratón, facilita y favorece la comunicación y la resolución de conflictos".

Ojalá podamos convertirnos en ciudadanos críticos y activos de una realidad que nos envuelve y dejemos de lado nuestros justificativos y comodidad como normativos de nuestra vida diaria.

Dejar de excusarnos en moralidad, en prejuicio e indiferencia.

Que participar en una marcha no sea vergonzoso, que exigir justicia no sea una excepción, que aparentar llevar una vida normal donde el tabú abunda no sea la regla, y que evitemos matar dos veces las víctimas de los hechos que nos rodean por nuestra falta de interés.

Por: Nicolás Rosacher

 

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