No estamos preparados para el retiro de Federer

 

Hay noticias para las que uno no está preparado. Hay cimbronazos en la vida que percibimos, que vemos venir, que somos conscientes de que en algún momento llegarán, pero ni así tenemos la fortaleza para tolerarlos. Pérdidas de seres queridos, fracasos, desamores, profundas desilusiones. Tomando un poco de distancia, tampoco estamos acomodados espiritualmente como para desprendernos de esos símbolos o referentes que, de cierta manera, nos inspiran, movilizan o emocionan. El concepto abarca todos los rubros: política, música, medicina, literatura, religión. También el deporte. La noticia sobre la ausencia de Roger Federer en el próximo Roland Garros me impactó, debo reconocerlo. El suizo tiene casi 35 años, cuatro hijos y una larga vida deportiva casi perfecta, lo que hace lógico sospechar que el final profesional está cerca. Este año su cuerpo lo castigó como nunca lo había hecho. Pero ni así uno se resigna a ubicarlo fuera del circuito, en un palco de honor o en un torneo de viejas glorias.

Lo más probable es que Federer llegue en buenas condiciones a Wimbledon, que participe de los Juegos Olímpicos de Río y que brille en algunas bulliciosas noches del próximo US Open. Pero el adiós está ahí nomás, a la vuelta de la esquina. Se huele, se advierte. Por la espalda maltrecha, por las desgastadas rodillas o por lo que sea. En definitiva, por el paso del tiempo. Puede ser una actitud egoísta de uno, pero es difícil aceptarlo. Inmediatamente imagino cómo será el tenis sin un artista como Federer. Ya sé que el mundo seguirá girando, que la Bolsa de valores de Nueva York continuará funcionando o que los atardeceres seguirán regalando pinturas dignas de Monet; no hace falta que me lo digan. Lo sé. Pero, insisto, nada será igual en el deporte.

Todavía un poco aturdido por la novedad de que Federer cortará una racha de 65 presencias en Grand Slams consecutivas, llamé al periodista Juan José Moro, buscando complicidad. Juano cubre tenis desde 1969 y el primer Grand Slam en el que trabajó fue en Roland Garros 1974, para Radio Rivadavia. Él puede responderme con autoridad. Y lo hace, firme. "Cuando se retire Federer el tenis va a ser distinto", es lo primero que me dice Moro. Y agrega, con la misma pasión con la que alienta a su querido Boca Juniors: "Federer no es comparable con ningún crack del tenis porque reúne calidad, numerosos exitosos, imagen y permanencia. Ni Borg, ni Connors, ni Vilas, ni Sampras, ni Agassi, ni McEnroe reunieron todo eso. Es más, considero que es probable que Djokovic supere a Roger en títulos, pero jamás tendrá su carisma, su imagen". No sé si las palabras de Juano me alegraron o me acongojaron. Pero dieron en el blanco que buscaba.

Todo es una cuestión de gustos, de sentimientos. A muchos, creo que a la mayoría, Federer nos provoca respeto y admiración general. Desde su elegancia y precisión para practicar un deporte tan difícil y competitivo hasta su comportamiento fuera de los courts. Y no sólo ante sus fanáticos, sino también frente a la prensa, los organizadores de los torneos y los auspiciantes. Federer "entiende el juego" como nadie y lo pone en funcionamiento. Alguna vez ha tenido actitudes reprochables, sí; es humano y de muy joven tenía un carácter irascible. Pero sus logros están sobre la mesa.

Pasaron varias horas desde que me enteré que el suizo no jugará en París y todavía me acompaña un sabor amargo. Pienso, con una pizca de melancolía, que todavía Federer regalará muchas pinceladas en las canchas, pero el camino se hace cada vez más corto. Llegará el momento del retiro y su figura será irremplazable. Marcará el final de una época y de un tenis artístico que cada año es más físico. Todavía no estamos preparados para ese día. Ni nunca lo estaremos, claro.

Por Sebastián Torok

 

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