Doloroso arranque de la Selección del Vasco en Río

 

A veces el fútbol va contra la corriente, descarta todo tipo de lógica; pero otras tantas, como en este caso, en el debut del equipo del Vasco Olarticoechea en los Juegos Olímpicos de Río, el fútbol refleja bastante bien la realidad. Porque el poco tiempo de trabajo quedó al desnudo, porque el cambio de rol de algunos jugadores no dio el resultado esperado y porque si bien Argentina tiene individualidades para confiar en recuperarse de este duro 2-0 inicial ante Portugal y llegar lejos en la competencia, aún no está ensamblada como equipo. Y eso se nota.

El experimento no le salió bien al Vasco Olarticoechea. Al menos una parte del plan no lució lo suficientemente aceitada. Justo el sector defensivo que más buscó proteger fue el más fácil de filtrar para los portugueses. Porque Lisandro Magallán se quedaba a mitad de camino en el lateral derecho y Lautaro Gianetti salía a destiempo para cubrirle la espalda. Por ese sector, a los 5 minutos de juego apareció Bruno Fernándes y definió con clase, al ángulo de Rulli, pero Cuesta llegó justito a salir y el asistente anuló el grito de Portugal en una jugada muy fina.

El comienzo fue un parto para el equipo del Vasco, que fue haciendo pie con el correr de los minutos. Y allí apareció el otro costado de su idea: que José Luis Gómez, por derecha, y Cristian Espinoza, por izquierda, desbordaran por su banda o tiraran diagonales profunda para sorprender en ataque. El hombre de Lanús fue la carta de ataque más profunda del primer tiempo para Argentina. Tuvo dos chances claritas –una definió ancho y la otra alcanzó a desviarla y se fue cerca- y otras dos con centros atrás que no definieron con justeza Correa y Calleri.

Si bien mostró poco juego asociado, la Argentina creció a partir de sus individualidades. Con Correa flotando detrás Podstawski, el mediocampista de marca de los portugueses, y Calleri haciendo el trabajo sucio de bajar, pivotear, tocar y salir a buscar la devolución al corazón del área.

Ese buen cierre de la primera mitad se extendió en el comienzo del complemento. Y enseguida Calleri tuvo la chance que merecía. Capturó un pase largo de Gómez, le ganó en la carrera a Tobías, se la picó al arquero y el travesaño se lo negó.

El ingreso de Pavón (por Magallán) era lógico, lo pedía el partido. Apuntaba a armar un equipo más armónico, con Gómez otra vez en su lugar natural, como lateral derecho. Pero ni siquiera llegaron a acomodarse que llegó el remate seco de Paciencia que alteró los planes y puso arriba a Portugal.

Desde ese momento, Argentina jugó a lo que pudo y no a lo que quiso. Olarticoechea tiró todo a la cancha, con los ingresos de Lo Celso y Simeone. Pero no tuvo juego: sólo apostaba a arrestos individuales. A que Pavón gambeteara a dos rivales por derecha o a que Gio pudiera capturar en el área algún envío cruzado.

El gol de Pité, que se le escurrió a Rulli (el ex Estudiantes había hecho un buen partido hasta ahí), fue el mazazo final para un debut a contramano del equipo argentino. Buscó defenderse más que nunca y defendió peor que nunca. Cuando quiso corregir, cuando intentó armar una formación más acorde a las características de los jugadores, llegó el gol de Paciencia del que no pudo recuperarse. Ni el tiro del final le salió, en esa chilena de Gio que sacaron en la línea.

Este equipo olímpico tiene un nuevo obstáculo que saltar. Después de los problemas organizativos, después de todas las ausencias, ahora tiene que renacer en plena competencia. Habrá que ver si puede hacerlo.

 

 

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