Vendimia, un estilo de vida

 

El momento de cosecha de la uva es el más esperado por todos los que tomamos a la vitivinicultura como filosofía de vida. Es lo que los mendocinos llamamos tradicionalmente como “La Fiesta de La Vendimia”. Pero para quienes vivimos este suceso desde el punto de vista productivo la fiesta no tiene fuegos artificiales, ni trajes de gala; sino ropa “mosteada”, cuerpos felizmente cansados y un sin número de historias que nos sorprenden año a año.

El suceso comienza, con la búsqueda de una bodega que quiera dejarnos formar parte de su equipo productivo durante algunos meses de vinificación, y muchas veces son los aromas fermentativos, el ritmo de trabajo y la satisfacción de la evolución de nuestro vino los responsables de que no queramos alejarnos de la tradición que nuestros abuelos vinieron a regalarnos.

Vendimia es aún más que el resultado de años del trabajo de la tierra, donde se conjugan costumbres e innovación. Es también una gran oportunidad para enriquecernos profesionalmente, pero sobre todo aprendiendo del intercambio cultural que genera la convivencia de clases sociales, franjas etarias y nacionalidades heterogéneas. Es un proceso en el que las barreras idiomáticas, culturales y a veces étnicas e ideológicas se transforman, como el azúcar de la uva en alcohol, en amistades.

Todo esto me lleva a sentir que una bodega no es una fábrica de vino, sino un atelier donde la creatividad de cada enólogo se ve fomentada por la convivencia del grupo humano que lo acompaña, lo asiste y lo complementa. Es esta fusión de personalidades, que se refleja en el vino de cada año, la que me hace sentir que una bodega es entonces una fábrica de anécdotas, un lugar de encuentros y de reencuentros. Son interminables las historias de amistades que nacen, igual que el vino, en cada vendimia, cada botella contiene mil anécdotas, entre las que la originaron y las que ellas generarán ente quienes la consuman.

En mi caso le debo a mi Vendimia 2013 una gran amistad, que conservo hasta hoy. Soledad me mostró un estilo de vida distinto, alentándome en mi carrera y fomentando una creatividad enológica apoyada en la suya. Fue la misma mágica bodega de Agrelo, la que en una complicidad involuntaria con Claudia, me reencontró con una amistad que se había visto interrumpida 10 años antes cuando Belen decidió aprovechar de conocer nuevos lugares y costumbres, de la mano de la enología.

Tanto una bodega como un viñedo, son lugares de trabajo, que para el momento de cosecha se convierten en nuestro hogar. Miguel dedicó su vida a la finca, que a fuerza de amor por la vitivinicultura convirtió en su fuente de vida. Éste amor no solo alcanzó para educar a sus hijos, sino también para transmitírselo a ellos, que con profesiones afines conforman su equipo de trabajo.

Claro que las relaciones que nos regala vendimia no son solo de amistad. Coty y Seba se conocieron en Mendoza y ese mismo año, sin quererlo, la cosecha 2014 los volvió a encontrar en California, para mantenerlos juntos nuevamente en Argentina, luego en Francia y actualmente en Australia.

Es por todo esto y mucho más que Mendoza hace para el mundo su Fiesta Nacional de la Vendimia, las bodegas agradecen el desvelo de su gente con el tradicional Asado de fin de Cosecha, y una botella nos es sólo el packaying contenedor de una bebida, sino el reflejo de un estilo de vida.

Paula Latorre

Paula Latorre, Lic. en Enología, 25 años, trabajo en Arpex Argentina y me divierto en la La Finquita 1920, emprendimiento de garage. Me gusta entender la enología como una profesión que me permite trabajar jugando y aprender de la gente.

 

 

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