San Rafael, tierra de... NOSOTROS

 

Este fin de semana tuve la suerte de poder viajar 280 km en mi historia, porque aunque algunas veces confunda la ubicación de mi hogar con mi pertenencia, haciendo que ya no esté muy segura de sí voy o vuelvo hacia el sur de la capital mendocina; hay algo que es seguro e irrevocable, mi origen y mis raíces están en San Rafael.

Ese sábado la suerte me encontró degustando magia en lo que funcionara como el bing-bang de nuestro pueblo. Es que a escasos metros de la rotonda del mapa sanrafelino está “La Abeja”, que no es sólo una bodega sino una especie de “Volver al Futuro” enológico. Tal como en la película donde Marty Mcfly viaja en el tiempo, Pablo nos somete a una experiencia parecida cuando nos muestra la maquinaria con la trabaja, las instalaciones de su bodega y nos cuenta la historia sobre lo que fue la “Estancia La Abeja”, antiguo hogar de Rodolfo Iselin, fundador de San Rafael.

La magia está en que con esta antigua maquinaría que aun funciona perfectamente “La Abeja” es capaz de ofrecernos vinos de diseño absolutamente vigentes; además de hacernos viajar al futuro sanrafaelino con los proyectos que comparte con otras bodegas de la zona, pensando en el progreso de nuestra vitivinicultura.

Probablemente mi sorpresa ante este escenario sea injustificada, ya que crecí a veinte cuadras de este lugar que me maravilló. Sabemos que los sarafaelinos tenemos una capacidad innata de correr tras nuestros sueños –más de lo común- probablemente, porque somos conscientes de que para llegar a un punto de partida más cercano al objetivo tenemos que recorrer primero al menos 280 km.

Lo que tampoco debería haberme sorprendido es el contenido de aquella “Terroirteca” que “La Abeja” guarda en barricas entre piletas subterráneas de mampostería del año 1883, ya que es técnicamente entendible que el frío de San Rafael nos regale – en sus distintas zonas - Cabernets auténticamente pirazínicos, con buena capacidad de guarda. O que nos permita reencontrarnos con la personalidad robada al Torrontés, aquella que nos deleitaba con sus terpenos, arrancados por la demanda de un mercado que decidió que nuestro varietal blanco insignia pasara de ser un gaucho argentino a la diva del momento.

En fin, ahí estaba yo, conectando de nuevo con mi tierra, proyectando con mi gente, recordando una vez más lo importante que es tener presente de dónde venimos.

Creo que estas reflexiones son necesarias para definir ¿hacia dónde queremos ir?, ¿Quiénes queremos ser? La vitivinicultura sanrafaelina sabe muy bien hacia dónde quiere ir. De hecho si yo no fuese tan distraída, debería haber visto la respuesta antes que la propia pregunta, es que los atributos de los terroirs sanrafaelinos la estaban dejando en evidencia.

Solo basta con pensar un segundo en la calidad de esos viñedos ubicados a una altura promedio de 600 metros sobre el nivel del mar, con una amplitud térmica de 15°C, sobre suelos pedregosos. Recordar que quienes trabajan en ellos son personas emprendedoras, con gran predisposición para reunirse entre amigos generando esas anécdotas que tanto nos gusta; gente que conserva esa inercia innovadora que tal vez Rodolfo Iselin dejó, intencionalmente olvidada en su bodega.

Hilando estos pensamientos la respuesta a los interrogantes planteados se presentó frente a mí, San Rafael quiere ser “Tierra de Espumante” y sin dudas va a lograrlo, ya que cuenta con la fuerza y capacidad de los bodegueros que hospeda y la predisposición de dirigentes que no pueden menos que responder a lo que hoy su pueblo y su tierra les demanda. Porque cuando la posibilidad se presenta alineada con las circunstancias, el eclipse es la obligación de sus espectadores.

 

Paula Latorre

Paula Latorre, Lic. en Enología, 25 años, trabajo en Arpex Argentina y me divierto en la La Finquita 1920, emprendimiento de garage. Me gusta entender la enología como una profesión que me permite trabajar jugando y aprender de la gente.

 

 

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