Mendoza, el rompecabezas enológico

 

Mendoza es la provincia vitivinícola más reconocida del país. Esta realidad le vale el título de “Capital del vino”. Desde el punto de vista geográfico - vitivinícola nuestra casa se divide en Zona Norte, Zona Centro, Zona Este, Zona Sur y Valle de Uco.

Si bien es real que gran parte de la fama que hoy nuestros vinos ostentan viene de la mano de la mítica Zona Centro y el mágico Valle de Uco, no es menos cierto que muy a menudo algunos nombres de estas regiones se ven ayudados por algunos componentes de la Zona Este y Zona Norte. Los últimos están lejos de tener un menor potencial que los primeros, pero sí tienen una historia olvidada, debido a que el manejo de sus viñedos lleva a que las uvas que crecen en sus suelos se destinen en mayor medida a otro tipo de mercado.

El Oasis Este alberga varietales con una magia ignorada por muchos, pero que por suerte para el consumidor algunos colegas se animan a reflotar. Tal es el caso del tan nombrado Bonarda, que sacaron del arcón de los recuerdos para imprimirle un cambio de look y así animarse a presentar ante la high society de los súper Premium. O el Syrah, del que también encontramos pocas botellas en esta franja. El mítico Bonarda resulto ser el “Edith Piaf” de nuestros tintos, ese gran artista callejero a quien alguien descubre y de pronto sale a deslumbrar el mundo.

Mendoza es como una mesa familia donde podemos encontrar miembros longevos, que aunque cansados guardan grandes historias, con mucho para enseñarnos; otros maduros, que ya han hecho grandes cosas pero aún les queda mucho por dar y jóvenes atrevidos, inmaduros y divertidamente transgresores que salen a recorrer la vida conquistando a quienes se permitan darles un lugar.

Felizmente mi profesión me obliga a recorrer bodegas de las distintas zonas productivas que forman parte de esta familia; y que aunque están unidas por una realidad geopolítica y hasta podemos descubrirlas formando parte una misma botella; también es habitual escuchar a algunos de sus productores hablando de cómo se vive la enología “del Río Mendoza para acá y del Rio Mendoza para allá” o aclarar de que “la cosa cambia mucho cuando cruzas el divisadero”, lo triste es que estas freses sean sólo comparativas y rara vez se usen para indicar el porqué de una cooperación dentro los miembros de esta familia.

Un dicho popular cuenta que “cada casa es un mundo”, pero si sabemos que el mundo gira mejor si corremos todos para el mismo lado, ¿Por qué no empezamos a hacerlo?

Mendoza tiene gran diversidad de suelos, climas y alturas, es hogar de infinidad de varietales y hospeda un buen número de profesionales altamente capacitados y muy creativos. En mi opinión esto es más que suficiente para que cada miembro de esta familia pueda expresarse debidamente. Contagiándose el joven transgresor de la sabiduría del longevo y de que todos tomen del primero la ambición por avanzar en la vida.

De esta manera, reconociéndonos mutuamente como irremplazables piezas del rompecabezas podríamos hacer de Mendoza una familia aún más prestigiosa y justa de lo que ya es.

Paula Latorre

Paula Latorre, Lic. en Enología, 25 años, trabajo en Arpex Argentina y me divierto en la La Finquita 1920, emprendimiento de garage. Me gusta entender la enología como una profesión que me permite trabajar jugando y aprender de la gente.

 

 

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