Destino, ¿Dónde estarás? ... Qué estés sonriendo

 

Imaginemos que estamos alrededor de una mesa donde tenemos las últimas diez añadas de un mismo vino (varietal, terroirs y métodos de vinificación constantes, solo variamos las cosechas). Esto sería lo que llamamos una “cata vertical”. Es algo así como ir a casa de mamá y abrir ese álbum de fotos donde guarda todas las que nos sacó en nuestra vida, puede ser divertido.

Ahora bien, vamos a soñar con que estamos hablando de muestras de un Malbec de Agrelo (sólo para dar un ejemplo), que van desde la cosecha 2010 hasta la 2016. 

Lo que probablemente nos encontraríamos es que los primeros tres años, se expresan de manera muy similar; pero luego, al enfrentarnos con el 2014 comenzaríamos a notar algunas diferencias. 

Sucede que ésta vendimia fue la primera en presentarse “conflictiva” y por ende tuvo algunos hijos transgresores como este malbec que en muchas zonas nos sorprendió con notas balsámicas, ese eucalipto y menta que a algunos enamora y a otros desagrada con la misma intensidad. Luego la vendimia 2015, fue bastante parecida. Pero para la cosecha 2016 no podíamos seguir repitiendo modelos, y por ello nuestra naturaleza nos sorprendió con la nueva tendencia aromática, algún tono pomelo, para romper el molde.

Tal vez debamos el último hallazgo, a que las inclemencias climáticas hicieron que los productores levantaran la uva antes de lo habitual, o porque la planta estresada y sin hojas no pudo regalarnos la misma madurez polifenólica de otros años, y nos dejó algo de thioles en el tintero. Por lo que haya sido, esta temporada, el Sr. Malbec se siente animado a vestir su extravagante corbata color pomelo

Es que, como todos sabemos, nuestro clima está cambiando y ninguna industria puede mantenerse inmune a este fenómeno. Las últimas tres cosechas vitivinícolas se han visto importantemente comprometidas en términos cuali-cuantitativos.

Pero al parecer algún enólogo adivinó su próximo oficio, hace alguno tiempo atrás, cuando bautizó a su vino “El Equilibrista”. Es que no es otra cosa, que divertidos malabares lo que supieron hacer nuestros vitivinicultores en los últimos tres años, para deleitarnos con los geniales vinos que nos propone el mercado.

Si bien es cierto que todo esto podemos debérselo directamente al fenómeno que todos conocemos como “El Niño”, según cuentan algunos estudiosos del clima, éste se ha comportado un poco más caprichoso en su última presentación, ya que somos nosotros quienes maltratamos a su madre tierra.

Pero por suerte no son pocos los portales climatológicos de internet que nos cuentan sobre el trabajo en equipo que vienen haciendo los países que integran el “Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático”. Al igual que los sitios que nos alientan a creer en la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, con la que nuestra provincia marcó tendencia en el país.

Creo que cuando se titula a un plan estratégico, o se nombra a un organismo del estado, con el término “Adaptación al Cambio Climático” definitivamente no están tratando de inculcarnos que este fenómeno llegó para quedarse y que sólo debemos aceptarlo. Sino que tiene por fin demostrarnos la responsabilidad que nos cabe sobre él, y así llevarnos a concebir las medidas necesarias para disminuir la magnitud del mismo (como ya se hizo con el agujero de la capa de ozono), al tiempo que trabajamos en nuestras industrias para amortiguar los efectos que el fenómeno causa sobre ellas. Sólo así lograremos crear EXPLOTACIONES SUSTENTABLES.

Es probable que nuestros vinos típicos sufran paulatinas modificaciones mientras transitamos esta Adaptación al Cambio Climático. En nosotros está lograr que esos cambios sean positivos, no tenerle miedo a los estilos de vinificación que nos enseñó el Viejo Mundo; pero mucho menos, a transgredir los esquemas que nos hemos impuesto, menos aún, si es la misma naturaleza quien nos alienta a innovar.

No seamos pesimistas al encontrar leves aromas balsámicos en un vino, relajémonos y dejémonos llevar al recuerdo de esa abuela que hervía hojas de eucalipto en el invierno, o a la menta que pisamos cuando caminamos en la montaña. Caminemos con orgullo al lado de ese amigo que se anima a usar corbata color pomelo.

De nosotros depende que nuestro destino, esté sonriendo.

Paula Latorre

Paula Latorre, Lic. en Enología, 25 años, trabajo en Arpex Argentina y me divierto en la La Finquita 1920, emprendimiento de garage. Me gusta entender la enología como una profesión que me permite trabajar jugando y aprender de la gente.

 

 

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