Nunca terminamos de aprender

 

Una de nuestras etapas más importantes en la vida es la etapa escolar, el primer intercambio social, las primeras peleas, los primeros amigos del alma, el primer amor. Eso que vivís en ese momento de tu vida son casi irrepetibles, y para muchos algo que nunca pasó.

La educación para adultos permite eso, no solo “aprender” lo que están importante para la sociedad, sino que también se hace importante para poder cerrar una etapa en la vida que quedó trunca, inconclusa y en muchos casos olvidada.

Para los jóvenes y adultos volver a la escuela, supone entonces revivir experiencias anteriores, frustraciones, y emprender nuevos caminos que los llevaran a un más allá, que nadie sabe bien como será. El problema es que desde el afuera de la escuela, esta educación no es la más observada, en realidad, muy pocas personas saben en qué consiste. 

La educación de Jóvenes y Adultos en nivel medio (CENS), está compuesta por 3 (tres) años,  que emulan a los 5 años de la escuela secundaria tradicional, y durante mucho tiempo, el qué y cómo enseñar estuvo un poco librado al azar, sin tener demasiadas referencias. Durante los últimos años de la gestión de gobierno anterior, se puso en marcha un cambio curricular poniendo en el tapete, contenidos y formas para encarar la educación de jóvenes y adultos, y si bien fue loable la intención y es remarcable el hecho, de que por primera vez se puso en marcha un plan serio para este nivel educativo, no son pocas las falencias que se encontraron, que van, desde un reduccionismo conceptual que vacía de contenidos los programas de los CENS, hasta una nueva modalidad de trabajo que se comenzó a implementar de manera improvisada, y que solo se ha podido hacer efectiva en el primer año de la modalidad. Luego del cambio de autoridades provinciales, los cambios que eran graduales y que debieron hacerse efectivos en el segundo año, no han sido reafirmados por el gobierno actual, por lo que se ha comenzado el ciclo lectivo, sin muchas referencias y con más dudas que certezas, al no tener el aval legal para implementar, tanto los nuevos contenidos con las nuevas metodologías de trabajo.

A todo esto se le suma, que la población escolar ya no es la misma de antes, ni en número, ni en el perfil del alumno de CENS. Antiguamente se trataba de adultos que habían visto truncada su posibilidad de completar los estudios por diferentes motivos, pero que en general se trataba de trabajadores con familia, que anhelaban concluir sus estudios de manera exitosa, un grupo etario que superaba los 30 (treinta) años y que tornaba la práctica educativa muy diferente a lo que es en la actualidad.

Hoy la realidad es otra, los adultos idílicos, son un grupo reducido, y los jóvenes cuasi adolescentes (apenas superan los 18 años), han aumentado en número, lo que implica, una irrupción de problemáticas que antiguamente no existían en la modalidad. Los fracasos, y los numerosos pasajes por diferentes instituciones educativas de nivel medio, hacen que los grupos sean aún más heterogéneos de lo que eran, teniendo una gran riqueza cultural en lo que hace a la integración y aumentando las dificultades a la hora de las prácticas áulicas. Además, problemas que aquejan a toda la sociedad, como la delincuencia, el alcohol y las drogas, han empezado a colarse en estas instituciones que no son, ni pueden ser ajenas a una realidad social y cultural de nuestros tiempos.

Es así que la educación de joven y adultos tiene diferentes modalidades que intentan adaptarse a la realidad de los estudiantes (presenciales, semipresenciales, libres, etc.) lo que le otorga un carácter diferencial y distintivo, que no permite comparaciones con la secundaria tradicional. Cuestiones como el número de alumnos se vuelven irrelevantes ante el hecho educativo, y el tema presupuestario se hace más complejo. Este es un hecho sumamente importante, ningún centro de adultos del sur provincial posee edificio propio, teniendo que compartir el mismo con otras instituciones, lo que acarrea una serie de inconvenientes propios del uso de espacios compartidos.

Cierto es que pocos son los gobiernos que han puesto el foco en esta parte del sistema educativo, por los que, se cuenta con recursos escasos y muchas veces son los propios alumnos y docentes quienes sostiene esta modalidad ante la desatención de quienes gobiernan. A esto hay que sumarle que en el último tiempo en nuestro departamento, quien estuvo y quien está a cargo de todos los centros de adultos, han trabajado de manera desordenada y atemporal, tomando decisiones polémicas e insolventes que solo consiguieron aumentar el malestar y la inestabilidad laboral de quienes nos desempeñamos en esta sector, afectando la educación de quienes por diversos motivos desean terminar sus estudios. 

La educación para Jóvenes y Adultos, es también un elemento importantísimo del sistema educativo, y ya es hora de que empecemos a poner el foco, este tipo de modalidad, no solo a la hora de recortar (o resignar como dicen algunos) gastos, sino también a la que hay que fortalecer y cuidar, a la que hay que prestar atención, ya que está formando a la gran mayoría de la masa trabajadora de esta provincia, y que necesita de una mayor y mejor preparación. Dos cosas ya están, la mano de obra (los docentes) y los insumos (los alumnos), ahora falta decisión política, dejar de lado mezquindades y resentimientos y ponerse a trabajar en serio para una EDUCACIÓN PUBLICA, DE CALIDAD, CON INCLUSIÓN Y QUE RESPETE LA VOLUNTAD DEL PUEBLO.

 

Damián Rojas

Damián A. Rojas, 31 jóvenes años, Profe de Biología, y columnista en Falsa Realidad. Desde hace 10 años que estoy en la docencia, pero se podría decir que toda mi vida estuve dentro de la escuela. Tratando de educar mas allá del aula, contando mi punto de vista acerca de nuestra realidad. Fanatico de la televisión y aficionado a la comida (si muero mañana que sea comiendo asado).

 

 

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