La revolución será feminista o no será, rezan las calles que todavía dan miedo

 

El Día de la Mujer se presenta en un marco histórico importante debido a la relevancia que tuvo el 2018 en materia de igualdad. La marea verde, por ponerle un nombre a algo tan gigante que termina siendo indescriptible, es el grito por adquirir derechos que han sido vapuleados por siempre.

La igualdad no está dada, ni en condiciones laborales ni en respeto, pero el avance sobre todo en el occidente del mundo, ha sido al menos notable por la difusión que la misma revolución feminista ha generado.

La revolución será feminista o no será, rezan las calles que todavía tienen miedo. La violencia, práctica que cuesta erradicar por la imbecilidad humana, más propiamente del hombre, es también un punto a parte en la discusión ya que se habla de un derecho nada más y nada menos que natural.

Pero violencia es mentir también y es por eso que no se puede dejar de lado las estadísticas alarmantes a la hora de evaluar cómo se trata a la mujer en general en la Argentina.

Más allá de la historia que tiene este día, historia replicada por todos los medios cada vez que llega el 8 de marzo, no está demás invitar a la reflexión a todos aquellos que todavía no entienden cuál es el fondo de esta cuestión.

Y mucho más allá del romanticismo, las flores y la cena lista, la deconstrucción que debe permitirse cada hombre pasa por dejar de lado la indiferencia ante la enorme desigualdad que se marca en la historia mundial entre hombres y mujeres.

Derecho a elegir, a vivir tranquilas y tener las mismas oportunidades por el simple hecho de ser humanos. Con una agenda política que tocó estos temas, sobre todo el del aborto, tema que quedó truncado por el Senado de la Nación, es obligación de las autoridades seguir poniendo sobre la mesa de discusión cómo es posible conseguir que esta lucha tenga resultados visibles.

El feminismo es una lucha propia de la mujer y no debería el hombre apropiarse de algo que nunca estuvo más lejos de ser nuestro. Pero no por eso se debe mirar para otro lado. Y si bien son varios los países que han avanzado legislativamente en materia de derechos para y sobre la mujer, todavía hay personajes políticos que piensan la mujer como máquina reproductora y nada más. El caso de España, que desde la cúspide ejecutiva plantean volver a despenalizar el aborto para suplir un déficit económico con más aportantes al sistema económico, resulta alarmante y tragicómico.

Las mujeres salen a la calle a pedir por sus derechos, por la ampliación de estos derechos y por sobre todas las cosas para hacernos entender que no somos los hombres quienes podemos ni debemos tomar decisiones sobre ellas mismas. Punto aparte, la Iglesia: ¿Hasta cuándo seguirá teniendo influencia en la cotidianeidad la institución más peligrosa y corrupta de la historia?

Es imposible escribir editoriales sobre un tema el cual resulta complejo de terminar de entender, no por ignorancia ni desinterés, sino porque es tan grande la ola revolucionaria que posiblemente terminemos de comprender muchos años después, pero no por eso se debe dejar de dar pequeños pasos hacia un mundo en paz e inclusivo.

Históricamente el hombre ha dominado la geografía y los resultados están a la vista. Destrucción del planeta, destrucción de valores básicos de supervivencia, destrucción de casi todo lo que hemos tocado. No es perder una batalla, no es torcer el brazo ni ceder un lugar, es simplemente hacer lo que hace mucho tiempo se debería haber hecho. Lo que siempre se debería haber hecho.

La desconstrucción es también una invitación a la autorreflexión. A mejorar los aspectos que por generaciones han sido otorgados y nunca puestos en discusión.

Hay una ola verde que llegó para quedarse. La revolución es feminista y por eso será invaluable. Le hemos quitado tanto a las mujeres que también se les quitó el miedo y esto, es lo más importante que pueda suceder. 

Martín Falcone

Martín Falcone, 28 años, director editorial de Ojos de Café. La música me acompaña, sobre todo los Beatles . Me gusta viajar y conocer nuevas historias para algún día escribirlas. Disfruté todos los goles de Palermo casi tanto cómo escuchar al Negro Dolina. Sueño con entrevistar a Sabina (y compartir algún trago). Todo pasa.

 

 

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