Cuidado, usted también será anciano: La vejez en el siglo de los millennials

 

Cuidado con aquello que le damos a los más viejos, porque será lo que recibiremos cuando seamos viejos nosotros.

El gobierno nacional en unas nuevas movidas que poco ayudan al bolsillo de la mayoría, previó una decisión que ajusta aún más la vida de nuestros jubilados. Algunos meses atrás el Presidente de Argentina no supo responder cuánto gana un jubilado y tengo la sensación de que pocos podrían responder esa pregunta correctamente.

En la Argentina hay más de 6.5 millones de jubilados o trabajadores pasivos como los llama el sistema. La mínima con el nuevo cambio no superaría los 8 mil pesos y si seguimos dando números es la depresión el final del abismo que enfrentan los que ya vivieron su vida y aportaron alma y corazón para sobrevivir en un mundo donde todos tienen razón pero nada mejora.

Podríamos hablar de tecnicismos, estadísticas y porcentajes para tratar de explicar la inexplicable realidad que viven los que más años tienen. Desde colas en los bancos para cobrar una miseria y un sistema del siglo 21 que no logra buscar la forma de que una anciana de 80 años tenga que estar parada desde las 6 de la mañana hasta hechos de inseguridad sumamente violentos.

Haciendo un paseo por internet para conocer más sobre el tema, curiosamente descubrí algunas cosas como por ejemplo que ya no vamos a los viejos a buscar la sabiduría, sino que vamos a internet.

Fue en Egipto donde surgió el vocablo anciano, resultante de la voz egipcia an (manifestación divina) y  Heh (suma de años). Por su largo vivir y experiencia, era considerado portador de gran saber por lo que merecía respeto y deferencia, estimaciones que más tarde llegarían a Grecia. Aportaciones que en Grecia estimularon a la reflexión, estudio y valoración de los filósofos y pensadores mencionados anteriormente, originando un gran momento histórico cultural y social, en el que el anciano alcanza un gran poder, así, el consejo de los jóvenes griegos, antes de tomar grandes decisiones, consultaban al consejo de ancianos.

Hipócrates, Sócrates, sus discípulos Platón y Aristóteles también escribieron sobre la valoración del anciano dentro de una sociedad. Todo el nacimiento de lo que hoy conocemos como cultura occidental habló de la importancia de quienes más tiempo han vivido, pero parece que cada uno de estos escritos se perdió en el olvido, el mismo olvido que hoy sufren los ancianos.

Muchas veces filosofamos sobre la globalización y sus consecuencias. Claro, no podríamos negar la existencia de razones más que positivas para ver este paradigma como necesario para el desarrollo de la sociedad. Pero por otro lado, hay una realidad que asusta y es que el conocimiento que los ancianos guardan en sus almas, ha sido reemplazado por el interminable mundo de internet, ahí donde está todo, ahí donde los pibes buscan todo.

Ya no necesitamos a los viejos, o al menos la cotidianeidad nos demuestra eso. Se habla mucho de los millennials, se los menciona en notas, incluso Ojos de Café publicó una columna referida al tema días atrás. Se habla de todo menos de ellos, porque ya no son funcionales a la vida agitada que llevamos desde que sale el sol hasta su partida al escondite.

Vale aclarar que esta editorial carece de fundamentos sumamente filosóficos y extravagantes. Es una mera sensación de la realidad que percibo cuando veo como el mundo gira en torno de las personas que pueden generarle algo al sistema.

Los “viejos” no votan, no corren, no gastan, no viajan, no toman Coca Cola, no compran cigarros, no gastan nafta, no compran ropa, no tienen sexo y todas estas cosas son necesarias para mantener la maleva maquinaria de la globalización. Pero no se olvide que usted también será viejo y todo esto que hoy le está dando a ellos, se lo darán a usted.

 

Martín Falcone

Martín Falcone, 28 años, director editorial de Ojos de Café.

 

 

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