Columna: ¿Queríamos tanto a Maradona? Los imperdibles tuits que mostraron el sentimiento hacia Diego - Por Gustavo Noriega

 

Las redes son un vehículo perfecto para el duelo colectivo, con algunas ventajas sobre el presencial que quedaron evidenciadas en estos días. La gente compartió anécdotas personales o imaginadas, reacciones emotivas, videos de jugadas, goles, precalentamientos y malabares.


Desde el último miércoles cuando nos enteramos de la más esperable e inesperada noticia, las redes estuvieron centradas casi exclusivamente en la figura de Diego Maradona. De pronto, la tristeza nos invadió a todos, desde quienes lo amaban profundamente hasta quienes lo teníamos incorporado como algo más de nuestras vidas, dándolo por sentado. La enorme dimensión del personaje se reveló en la espectacular repercusión internacional pero también en la íntima, haciéndonos descubrir a quienes pensábamos que no lo queríamos tanto, cuánto lo queríamos realmente.

Las redes son un vehículo perfecto para el duelo colectivo, con algunas ventajas sobre el presencial que quedaron evidenciadas en estos días. La gente compartió anécdotas personales o imaginadas, reacciones emotivas, videos de jugadas, goles, precalentamientos y malabares.

 

El corpus visual recogido en estos días se mostró muy superior al textual

La mayoría de las notas escritas, intentando atrapar al Diego en un puñado de palabras, fracasó estrepitosamente. El ego, la pulsión de convertir cualquier evento conmocionante en literatura y los límites del lenguaje conspiraron contra el resultado. La imagen de Valdano con un micrófono, incapacitado de hablar durante muchos segundos (horas para la televisión) resultó más emocionante que cualquier responso escrito.

No quedó nadie del mundo del fútbol que no expresara su respeto y dolor, incluyendo especialmente a quienes habían sido víctimas de sus destrezas. En ese sentido, resultó especialmente emocionante que el rápido homenaje de la Juventus fuera tuitear un video de un gol que Maradona les hizo desde un tiro libre indirecto, dentro del área (sin, por otra parte, agregar al tuit la menor palabra, cosa que lo hace más emocionante todavía). La imposibilidad física de la parábola que le imprimió Maradona a la pelota en esa jugada única la explicó muy bien Román Iucht en estas páginas . Para dimensionar el valor simbólico, digamos que equivale a que River lo hubiera saludado con el video del gol en donde dejó desparramados en el césped embarrado nada menos que a Fillol y Passarella.

 

 

Por supuesto que toda generalización es injusta y que hubo notas muy buenas, otras regulares y hasta absurdas ("¿Se puede leer a Maradona desde la categoría sexo-género sin incluir clase y raza?"). Entre las más logradas quiero destacar la del gran Jaime Bayly que logró reunir en un relato gracioso y sensible, la emoción y asombro que provocaba encontrarse casualmente con el 10 y el costado pícaro y atorrante de la gran pareja que Maradona hizo en su momento con su representante Guillermo Coppola.

Así como uno de los más grandes escritores peruanos expresara sin pudores esa emoción, otra figura al nivel de Diego en la NBA, el también trágicamente fallecido en 2020 Kobe Bryant, contó con la cara iluminada por la felicidad prácticamente la misma historia: estar caminando por un pasillo y de pronto toparse con Maradona. ¡y Pelé!

No quedó nadie del mundo del fútbol que no expresara su respeto y dolor, incluyendo especialmente a quienes habían sido víctimas de sus destrezas. En ese sentido, resultó especialmente emocionante que el rápido homenaje de la Juventus fuera tuitear un video de un gol que Maradona les hizo desde un tiro libre indirecto, dentro del área (sin, por otra parte, agregar al tuit la menor palabra, cosa que lo hace más emocionante todavía). La imposibilidad física de la parábola que le imprimió Maradona a la pelota en esa jugada única la explicó muy bien Román Iucht en estas páginas . Para dimensionar el valor simbólico, digamos que equivale a que River lo hubiera saludado con el video del gol en donde dejó desparramados en el césped embarrado nada menos que a Fillol y Passarella.

 

Pero la relación indivisible y romántica entre Diego y la pelota no se limitaba al ejercicio profesional durante los 90 minutos del juego. Muchos de los mejores ejemplos de su habilidad sobrenatural provienen de momentos casuales, antes del partido, o acompañando a otros deportes, o, como contaba Gary Lineker, haciendo jueguito en un vestuario durante cinco minutos con el bollito de las medias. El más famoso de esos videos -ya era famoso antes de su muerte y es imposible no asociar esa música con su imagen-es el precalentemiento antes de un partido del Napoles contra el Bayern Münich, con la música de Live is life, una canción pop del grupo austríaco Opus, sonando por los parlantes del estadio. Según uno de sus rivales de esa jornada, el alemán Jürgen Klinsmann, los jugadores del Bayern Münich, rival del Nápoles, interrumpieron su precalentamiento para ver el de Maradona. 

 

 

La intertextualidad de la canción con la imagen de Maradona desplegando su magia es tan fuerte que no requiere más aclaraciones. Y así lo entendió Nicolás Tagliafico, defensor del Ajax de Holanda y de la selección argentina, quien apenas escuchó que en el precalentamiento del partido de su club sonaba Live is life imitó los movimientos del 10.

 

 

Una de las imágenes más sorprendentes que circuló estos días tenía que ver con otro deporte: el voley. Se lo ve a Maradona asistiendo con Claudia y las nenas a un partido y, como siempre, antes de que comience, saluda a los jugadores en la cancha, junto a la red. Pero claro, donde hay una pelota, hay una demostración de habilidad. Maradona asiste en el precalentamiento levantando la pelota para el remate con la cabeza, la rodilla y el hombro.

 

 

El homenaje de Messi

La sucesión de homenajes en todo el mundo se hizo incontenible: no hubo estadio ni club que haya disputado un partido que no se las ingeniara para expresar su reconocimiento: camisetas con su nombre, minutos de silencio antes del match, festejos, los jugadores alineados para formar una M o el número 10, interrupción del partido a los 10 minutos, etc. Como nunca antes en la historia, el mundo entero del fútbol, sin ningún tipo de distinciones ni categorías reconocía al mejor de los suyos.

Así las cosas, la presión sobre el heredero, del único jugador con una destreza comparable a la suya, se hacía sencillamente insoportable. Algún malintencionado hasta sugirió que Leo Messi debería haber abandonado sus compromisos profesionales, subirse a su avión privado y asistir al funeral peor organizado de todos los tiempos.

Lo cierto es que llegó el domingo y Messi en su partido de Liga debió enfrentarse a su destino. Con la misma seguridad y control que su antecesor en el trono, Leo esperó su momento. En el segundo tiempo, finalmente, hizo un gol prácticamente igual a otro que Maradona hiciera con la camiseta de Newells (el club original de la Pulga), se sacó la camiseta de Barcelona y descubrió que debajo tenía la que Diego había usado en el club rosarino. Un momento mágico, inexplicable, que un guionista hubiera desechado por extremo e improbable.

Salve, Diego, la pelota está en buenas manos.

 

 

 

 

 

Fuente: La Nación // Autoría: Gustavo Noriega 

 

 

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