“Círculos Cerrados” S.A.

 

“Cuando un hombre por alguna circunstancia de la vida se transforma en un alquimista, y mezcla sin querer las palabras Desesperanza, desesperación y dinero. Cambia su vida por completo convirtiéndola en el peor de los infiernos… De ello se trata esta historia…

Capítulo 1

 

“La mujer pirata”

Mauro Rossetti no es un empleado cualquiera, hacen diez años que trabaja en la empresa. Es uno de sus mejores  asesores financieros, pertenece a  ella desde sus inicios. Recuerda muy bien cuando fue que aquella pequeña empresa, que vio nacer. Dejo de ser una insignificante cooperativa, para transformarse en el poderoso y respetable banco que es hoy.

            Hace un largo tiempo ya que el solemne “CORP BANK”,  viaja a los tumbos sobre  los senderos nebulosos de la economía reinante. Tras varios meses de lucha y resistencia, no consigue despegar de los  últimos puestos entre las empresas afectadas por el zamarrón económico. Si a ello le sumamos, que uno de sus grandes ejecutivos ha sido denunciado por evasión y lavado de dinero. Sus probabilidades de subsistencia  en el mercado bursátil, son cada vez menores.

            Patricia es  una esbelta morocha muy bien puesta, de grandes ojos verdes y tremendo escote, con su andar elegante y sensual hace las delicias de los popes del banco.         

Nunca se supo de buena fuente cuáles fueron las condiciones administrativas, que la llevaron a sentarse a la derecha del sillón de Ricardo Montini, el director ejecutivo de la empresa.

            Va y viene con soltura entre los números, las planillas se deslizan grácilmente entre sus dedos cual si fueran de algodón, tiene todo estudiado a la perfección. Nada  de lo ella hace o deja de hacer esta librado al azar, inclusive su look. Miles de horas ensayando frente al espejo, arrojan sobre la arena a esta mujer transformada en una  perra come hombres insaciable,  dispuesta a todo en pos de la elegancia.

             Luce una minifalda negra extremadamente corta, tan corta es la faldita, que lucha para que entre paso  y paso,  no se alcance a ver algo de lo que luego deba arrepentirse.

             Lleva una blusa color dorado ajustada al cuerpo, el colosal escote permite adivinar sin remordimientos, el sinuoso camino entre sus prominentes pechos. Los zapatos color oro de Sarkany, son altísimos y combinan increíblemente con la blusa.

            Conduce la reunión a su antojo los tiene comiendo de su mano, de vez en cuando roza los anteojos con sus dedos grácilmente. Es un movimiento estudiado y ensayado hasta el cansancio, se ve muy atrevido y sensual. Todos allí adentro la miran embobados, esta  disfrutándolo a más no poder. Es una  pantera en celo, no deja de menear las caderas provocativamente  en ningún momento, y bajo ningún concepto.

             Los asistentes escuchan con  desesperación y ansiedad, las ultimas evaluaciones del  mercado financiero, de ello depende la continuidad de varios de los presentes, dentro de la compañía.

Después de tanto tiempo de esperas y capillas, nunca son buenas por el contrario, suelen convertirse en impiadosas y lacerantes.

              La morocha detiene sus movimientos felinos, observa en silencio a los directivos durante unos  segundos, y sin que le tiemble la voz lanza la puñalada certera y mortífera.

Les anuncia sin rodeos ni protocolos, que varios de los presentes  dejaran de pertenecer  al “CORP BANK”. Nunca hubiera imaginado ni por un instante, que su nombre figuraría en la lista de los despidos. La noticia es como una cachetada mordaz, hace varios años que viene tratando de reconvertir su vida. Después de varios negocios fallidos por fuera del banco, había comenzado a lograr  la tan ansiada estabilidad.

Su nombre estalla en sus oídos, siente que está siendo atravesado por una mezcla  de furia e impotencia. Se levanta tambaleante las piernas no le responden, tiembla como un pájaro herido. Los observa detenidamente e intenta decirles  algo,  pero es al pedo no puede en ese momento emitir palabra alguna.

            Lanza  una última y feroz mirada a la “Patyco”, da media vuelta y sale disparado cerrando  la puerta tras de sí con cautela, tampoco es necesario que se le escape  la calentura.

Negra  de mierda—Piensa— se ve que ha pasado la mitad de su vida detrás de ese puto sillón, sin pensar un poco en los demás.

             La mañana gris y lluviosa de junio, lo salpica con la noticia más triste y despiadada que alguien puede escuchar en estos tiempos de recesión y desempleo.

            Avizora su vida como una clara y estrepitosa catástrofe, se pregunta mil  veces cómo es que no la vio venir,  mientras camina  hacia ningún lado como si fuese un zombi.

            Entiende y tiene claro que los últimos meses no habían sido los ideales, pero nunca se imaginó siquiera que pasaría de ser un notable, a ser un triste y pobre desempleado.  

            La frenada y el bocinazo lo sacuden, casi es atropellado por un auto al intentar cruzar la calle.  Enfurecido putea en varios idiomas a la mujer que conduce el vehículo, da un salto y coloca su  humanidad a salvo sobre la bendita acera.

Esto no puede estar pasándome, justo en este momento de mi vida —Piensa —. Laura embarazada, los hijos de puta  del banco apretándome con la hipoteca y encima  despedido, echado a la calle  sin posibilidades de conseguir un puto empleo—Putea y rezonga por lo bajo—. Tiene más de cuarenta años, el sistema lo ha tirado a la basura pronto solo quedaran migajas de él.

            Apura el paso  entra al café  de siempre, se sienta en la mesa de siempre y pide un café como  siempre, como si nada estuviera ocurriéndole. No se lo ve muy bien, la impotencia contenida termina arrancándole algunas  lágrimas, se las limpia con un pañuelo disimulando… Levanta la taza humeante y la lleva a su boca…

— ¡Señor!—Le gritan…

Levanta la vista y busca sorprendido entre las mesas enseguida la encuentra, una mujer viene directamente hacia donde él se encuentra sentado. Viste ropas andrajosas y sucias, calza  solo un  guante en una de sus manos, tiene el pelo sucio y desprolijo. Su aspecto es el de una bruja malvada y tenebrosa, que acaba de  escaparse de alguna película de Disney.

A pesar de todo no le inspira temor alguno, espera a que se le acerque sin reaccionar, lo que más le llama la atención es el  parche que lleva sobre un ojo.

— ¡Escúcheme!—. ¿Se siente usted bien? – Le pregunta amablemente sacando un papel arrugado, de entre sus ropas raídas  y malolientes.

— Sí— responde—. Todo lo bien que puede sentirse una persona,  después de enterarse que acaba  de ser despedido sin razón alguna  y con miles de cuentas encima—. Por lo demás  me siento muy bien —. Termina malhumorado…  

            —Présteme atención — vuele a decirle mirándolo fijo con su único ojo — aquí en esta tarjeta, puede encontrar la solución a sus problemas… Poniendo la pequeña tarjeta personal en sus manos…

Mauro toma el pequeño papel y la mira desconcertado… Lee “Círculos Cerrados” Sociedad anónima, baja la vista mientras piensa en que mierda lo podría ayudar, aquella vieja andrajosa y maloliente…

—Sé perfectamente en lo que está pensando, verdaderamente no debe preocuparse yo estoy aquí cumpliendo con lo que me han ordenado…

La extraña mujer da media vuelta intentando alejarse, de repente se detiene en seco vuelve sobre sus pasos,  se acerca y le dice al oído…

—Por ninguna razón se contacte con ellos, si no está dispuesto a cumplir con lo que le ordenen…

Crea un movimiento escapista de mago de circo,  y  se esfuma entre las mesas tan rápido como había llegado.         

Mauro no atina a seguirla se queda sentado y en silencio, con la tarjetita en la mano observándola extraviado.

A su alrededor el mundo sigue girando como siempre, en la mesa contigua el mozo discute acaloradamente con un cliente. Desde la vereda le llegan a sus oídos, los gritos enfurecidos de una mujer  contra otra.

Sufre la terrible desazón  de darse cuenta en ese instante, el alto umbral de locura que agita a  la ciudad, todos en algún momento caerán  en ella— piensa.

Guarda la tarjeta paga el café, se levanta tranquilo  intentando encontrar una razón lógica, para desconfiar del encuentro recientemente producido, pero no encuentra ninguna.

El  frio de junio recrudece con fuerza, levanta el cuello del sobretodo baja la cabeza y enfila para la casa. El regreso es triste  busca la mejor manera de explicarle  todo a su esposa, y no puede encontrarla. Lo único real en todo ese despelote que esta viviendo, es que acababa de perder su trabajo y con él, todo lo que ello significa.

            Vuelve a su mente la imagen de la  mujer aquella… ¿Cómo supo que estaba en dificultades?... ¿De dónde había salido? ¿Sería verdad  lo ocurrido?—Duda que el encuentro haya existido realmente, introduce la mano en el bolsillo  buscando desesperadamente  la tarjeta… Finalmente la encuentra se queda bastante más tranquilo,  por lo menos no está volviéndose loco.

            Desciende del taxi varias  calles  antes de llegar a casa, caminar puede ayudarle a pensar mejor, despejar la mente y así poder enfrentar a Laura.  Decirle la verdad en este momento  seria una porquería,  está latente el  temor por su embarazo ni se le cruza por la cabeza,  hacerla sufrir un golpe tan duro.

             Al entrar a casa casi se la lleva por delante, el gesto en su cara le indica que algo no anda bien.

— Hola mi amor…—. Lo dice sin recibir  respuesta alguna, la observa  entre confundido y preocupado…

— ¿Qué pasa?—. Vuelve a preguntar...

Laura  lo estudia con la mirada recelosa,  saca un sobre de papel de  uno de sus bolsillos y  le pregunta…

             — ¿Me podes decir que significa esto?...—. Pasándoselo con rabia, Mauro lo  toma entre sus manos, y lo abre apurado aunque  sabe muy bien de que se trata… El banco lo intima nuevamente a pagar la hipoteca ya vencida…

— ¿Cuándo me lo pensabas decir?—. El rostro de Laura lo dice todo, se encuentra al borde de las lágrimas, es una mujer fuerte pero el embarazo la ha sensibilizado…

            —Debe ser un error pasa muchas veces no te pongas mal, mañana a primera hora lo arreglo— Responde Mauro mintiéndole…

— ¿Seguro?—. Pregunta ella inquisidora, limpiándose las lágrimas con las mangas del suéter. Después  se le acerca y se lanza a sus brazos…

 —Seguro mi amor –. Responde él, tomándola con fuerzas entre sus brazos…

Se aleja dándole la espalda no quiere que lo note preocupado, entra a la habitación con la carta arrugada entre sus manos y la impotencia a flor de piel. Sentado al borde de la cama acaricia  una y otra vez, la tarjeta dentro del bolsillo, tiene todas las intenciones de llamar. Se las aguanta le parece una locura, aunque no deja de verlo como una posibilidad.

La cena fue agradable y opípara, Laura da toda la sensación de sentirse menos angustiada. La velada transcurre sin novedades, hablan de esto o de aquello sin contradicciones.

 Después de tomar un baño se entierra en la cama tratando  de dormir,  no puede alejar de sus sueños la figura de  aquella extraña mujer con el ojo parchado, con bronca intenta olvidar las palabras de aquella vieja extraña…

            El despertador lo zarandea se pone de pie al instante, su mujer duerme  plácidamente besa su frente y al mismo tiempo le acaricia la pancita.  Deja el café a medio beber  se calza el abrigo abandona la casa sigilosamente.        

El frio está haciendo estragos, las calles vacías todavía lo reciben con los brazos abiertos. Por primera vez después de muchos años,  experimenta  aquella  antigua sensación de tristeza, que sufriera en los primeros tiempos de casados.

            La época en que para ellos la vida era una cuesta interminable, hubo momentos en los que casi  desbarrancan, no quiere ni  se permite siquiera pasar por aquella experiencia otra vez.

 

Juan Carlos Fernandez

Juan Carlos (topo) Fernandez 56 años. Jubilado y escritor amateur. Convencido de que no todo es verso, se me ocurrió escribir novelas policiales y cuentos breves. Soy esposo, padre y fui hijo. Me crié leyendo historietas y alguna que otra novela clásica, pero mi fascinación sobre la literatura policial, surgió a raíz de leer “Asesinato en el Orient Express” de Agatha Christie. Después de ser uno de los ganadores en un concurso literario local, decidí publicar mi primera novela “Círculos Cerrados S.A.”. Ahora voy por más con “Asesino”, con él intento llegarle a mi gente, y profundizar aún más el conocimiento del género policial negro.

 

 

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