Mujeres que duelen

 

Hace unos meses asistimos a una ronda de relatos (*), donde las mujeres contaban sus experiencias en relación al momento del parto. En total éramos 13 mujeres, 3 hombres y 3 bebés.  De las 13 mujeres, 9 tuvieron cesárea (algunas incluso tenían 2 cesáreas), 2 habían tenido parto normal (una sin intervención de ningún tipo) y otra estaba embarazada de su primer hijo. De las 9 mujeres que habían tenido cesárea, 3 habían podido tener un parto vaginal después de las cesáreas y 2 estaban embarazadas buscando un posible parto vaginal.

Presenciar una ronda de partos puede movilizar, abrir heridas, angustiar. Los oídos se sorprenden de lo que escuchan, las manos transpiran a la vez que nuestras tripas se revuelven. Y nos preguntamos ¿Es necesario tanto sufrimiento para parir? Mujeres sometidas, calladas, atadas, violentadas. Mujeres víctimas de una sociedad patriarcal... y ¿los hombres? ¿Qué pasa con esos compañeros? Excluidos, desinformados, también silenciados. Mujeres, hombres y niños por nacer víctimas del patriarcado, pero también víctimas de la “institución – salud”.

Médicos que mienten y engañan, pero ¿por qué? Repetidamente escuchamos frases como: “tu embarazo está verde”, “tu bebé no baja”, “no podemos esperar más”, “te espero 2 horas más y sino cesárea porque la vida de tu hijo está en riesgo”. Y así, con esa frase ponen en juego lo más sensible para una mujer: la VIDA de su hijo. Aparecen los miedos y los fantasmas. Porque si algo pasa esa mujer será socialmente señalada “su hijo murió por un capricho, se le puso en la cabeza que quería un parto normal y lo mató. Si hubiera ido a cesárea seguro estaría vivo”. Y si antes luchamos y peleamos por un parto normal, con esa frase cedemos y aceptamos. Con la mirada baja, la boca callada y nuestra femineidad asesinada nos llevan a la sala de operaciones. Solas, desprotegidas, ciegas. Heridas en cuerpo y alma.

“La mujer nace para parir”. Pero crecemos con la idea de que parir duele. Lo que no nos dicen es que lo que duele es la inducción. Si dejáramos que el parto se desenvuelva naturalmente (“salvajemente”) nuestro cuerpo se iría adaptando paulatinamente para parir. Pero no... Nos apuran, nos presionan, nos invaden, nos DROGAN. Y así, el dolor se transforma en sufrimiento. No podemos conectar con nuestro interior y en el mejor de los casos parimos alienadas.

Decimos en el mejor de los casos porque algunas mujeres caen vencidas ante el discurso médico: dejan de ser parturientas para pasar a ser enfermas. Se les muestra la falta, lo que no pueden. “Hice todo lo humanamente posible”, decía una mujer. El que no hizo lo humanamente posible es el médico, que también cae rendido ante la institución, los tiempos hospitalarios prevalecen sobre el ritmo de la naturaleza. De esta manera, con la marca de la imposibilidad, esa mujer (¿o el médico?) va a dar a luz a su hijo. Una mujer vulnerada en el parto será una mujer con mayor probabilidad de atravesar una depresión posparto. “No la reconocía como propia” “me costó reconocer a mi hija” decían las mujeres con profundo dolor.

Esas mismas mujeres son las que posteriormente buscaron un parto vaginal, porque necesitaban sanar la herida de la cesárea, pero la herida de adentro, de la mente, del corazón.  Ahora son mujeres fortalecidas. Transmiten fuerza en sus palabras, en sus gestos. Mujeres que dicen: “No soy como las mujeres de mi familia, yo sí puedo parir”. Y es ahí donde se produce el cambio, se deja de repetir o al menos ahora se repite distinto o quizás se repite otra cosa. Pero en esas familias, en ese linaje de mujeres hubo una valiente que cerró sus oídos al exterior y se animó a parir vaginalmente después de su cesárea y de todas las cesáreas que la precedían.

 

(*)- El presente artículo hace referencia a una ronda de relatos de partos realizada en Mendoza capital en el mes de Noviembre de 2016

Pulso Kimelü

Somos mujeres maternantes. Unidas por el pulso de una búsqueda; movilizadas por nuestra mujer conocedora e inquisidora; escuchando el llamado de la tribu y a la tribu, andando hacia el encuentro del saber materno a partir de experiencias propias y compartidas. Nutriendo la conexión con nuestra esencia, nuestras emociones y nuestros bebés. Sabiendo que sólo propiciar el intercambio, dentro de un espacio libre para el encuentro con otras mujeres en distintas etapas de la maternidad, es lo que nos fortalece, nos contiene, nos empodera. Desde la vivencia de distintos métodos sobre el arte de gestar, parir y criar buscamos acompañar, dejar una impronta, sembrar información limpia y clara, gestar nuevos espacios. Pulso kimelü está integrado por mujeres mamás, compañeras, nietas, hijas, hermanas, amigas. María Julia Barcos – Doula – Masoterapeuta. Hilen Moreno – Lic. en obstetricia – Partera independiente. Liliana Prados – Lic. en Psicología. María de los Ángeles Valdes – Lic en Relaciones Humanas – Estudiante de Puericultura.

 

 

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