En tiempos donde todos contra todos

 

Mi primera nota para OJOS DE CAFÉ, llevó el título de la misma canción del cantautor rosarino, Fito Páez… “Al lado del Camino”… Y es que evidentemente ya desde los ´90, cuando fue escrita, vivíamos en esta misma vorágine, que día a día nos sorprende más, para bien, y para mal.

Noticias como las del rugbier que empuja a un hombre por la calle, como “gracia”, nos hacen poner el foco de nuestra atención, en estas conductas agresivas que vemos a diario y a preguntarnos, ¿qué nos pasa? ¿Por qué reaccionamos así?... Porque claro, quizá esta fue noticia, porque circuló un video en las redes sociales, y porque el protagonista tenía algo de “particular”, al tratarse de un joven que juega al rugby, ya que se asocia muchas veces este deporte con la fuerza, la agresividad, y hasta con el sentimiento de “superioridad” que sienten estos deportistas sólo por practicar rugby. Lo cual,  suele ser un mito, ya que al fin y al cabo medidas como las que se tomaron por parte del Club en el que jugaban el protagonista y los amigos que hicieron circular el video como gracia, son las que reflejan los verdaderos valores que intenta inculcar un deporte en el que la amistad y la cooperación suelen ser prioridades (desde lo personal, lo sé teniendo un padre que conserva los mismos amigos que este deporté hace muchos años le dio).

Y es que queda en un segundo plano, si se trata de un deporte, (en el fútbol se suele ver a diario también) si es en la calle mientras manejamos o circulamos a mil,  en nuestro trabajo, o hasta incluso entre nuestros amigos y familiares. El punto es que” nos tratamos mal”, que se suele ver un alto nivel de agresividad entre nosotros y hasta incluso de violencia.

Si pensáramos en los motivos de por qué esto ocurre, deberíamos enumerar una cantidad importante, porque cada uno de nosotros como individuos, tendría que pensar en sus historias de vida, aprendizaje, situaciones actuales, etc. Pero como sociedad, podríamos pensar que sufrimos de ciertos estresores sociales que nos llevan a estar “alterados” “nerviosos” e incluso a ser agresivos. La frustración por no conseguir empleo, o sentirnos a disgusto con el que tenemos, el alto nivel de competitividad tanto en lo laboral como en lo social en general, las necesidades básicas insatisfechas, la alta exposición a las drogas, el deseo desmedido de ambición que no podemos  satisfacer, etc. son algunos de éstos.

Y claro, nada de esto agrada a nadie, y sentir cierto grado de enojo ante estas situaciones, es lógicamente lo esperado. El problema es,  cuando el nivel de este enojo es muy elevado y muy frecuente, y entonces ya no medimos cuándo, ni con quien y somos agresivos, en el intento de “descargarnos” de eso que nos hace sentir mal. Y ahí está el problema, nos descargamos un poco, quizá, pero no medimos las consecuencias. No nos ponemos en el lugar del otro. Pero cuando uno es el “otro”, ahí sí solemos ser muy buenos para juzgar y no tolerar. Y claro, no deberíamos tolerar ser agredidos, bajo ningún punto de vista, pero tampoco deberíamos agredir.

Como se menciona anteriormente, a diario vivimos situaciones de éstas. Solemos ser muchas veces simples observadores y en otras ocasiones, estar involucrados. No nos gusta seguramente darnos cuenta que es así, pero sería un buen primer paso, que lo reconozcamos y que sepamos que con pequeñas acciones, y teniendo en cuenta cosas simples como puede ser tener buenos modales; decir las cosas en el momento justo; ser más flexibles y tolerantes ante las diferencias, y sobre todo sabiendo que eso que nos “enoja” puede que tenga un motivo más profundo que deberíamos reconocer para “trabajar”, y de esta forma no anda por la vida contra todos, sino más bien, pensando que si uno quiere y necesita que lo traten bien… cada uno de los que nos rodean quieren y necesitan lo mismo.

Clara Llinás

28 años, Lic. en Psicología. Dentro del campo de la Psicología me desenvuelvo mayormente en lo que refiere a Discapacidad. Hace más 6 años trabajo con niñ@s con Trastornos del Espectro Autista, amo lo que hago y me formo constantemente para hacerlo con dedicación y responsabilidad. Encuentro en mi rol profesional muchas satisfacciones a diario, y hoy en día amo mi rol de tía, mi cable a tierra. “No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor”

 

 

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