En tiempos donde nadie escucha a nadie

 

Solemos confundir el término escuchar con el de oir, cuando en realidad, son dos acciones diferentes. Oír quiere decir que percibimos los sonidos a través de los oídos, sin necesariamente entender lo que estamos oyendo. Es un acto involuntario, que quienes no tienen ninguna discapacidad auditiva, no eligen llevarlo a cabo, sino que automáticamente lo hacen.  Por el contrario, para escuchar algo, debemos tener activados otros sentidos para entender lo que estamos oyendo. Al escuchar, debemos prestar atención a nuestro interlocutor, debemos, concentrarnos, pensar y cuando es posible, mirarlo a los ojos.
Hoy en día, teniendo en cuenta que estamos “invadidos” de tecnología, oímos muchas cosas. Recibimos información auditiva casi permanentemente. Incluso nuestros oídos se ven perjudicados en ocasiones por estar expuestos permanentemente a diferentes sonidos.
Pero, podríamos pensar que  a pesar de estar permanentemente “conectados” a distintos dispositivos, estamos cada vez más desconectados entre nosotros. Pasamos horas mirando celulares, computadoras, tablets, que nos dejan “off side” mientras las personas que tenemos alrededor nos hablan. 
Las estadísticas e investigaciones al respecto, asustan cuando hablan de que podemos ser adictos a las tecnologías. Se sabe hoy en día que de la misma forma que se produce en otro tipo de adicciones, el uso del  teléfono móvil por ejemplo,  se convierte en adicción cuando pasa a ser una conducta repetitiva y que nos produce placer. Por primera vez, se empieza hablar de que las nuevas tecnologías han  pasado a formar parte de las denominadas adicciones psicológicas, la cual está afectando principalmente a jóvenes y adolescentes. 
Probablemente no dimensionemos la gravedad del caso, porque estas conductas son hoy en día normales en la vida de la mayoría de nosotros, pero ¿acaso creemos que estamos exentos de que pase a ser un problema para uno? Deberíamos preguntarnos cuanto influye en nuestra vida el “abuso” de estos aparatos que nos conectan y nos “desconectan” a la misma vez. Deberíamos saber que el problema está cuando esto se torna incontrolable y el uso es exagerado, de modo tal que perjudica el desarrollo normal de nuestras otras  actividades: el trabajo, disfrutar de una lectura, de un momento de juego con los hijos y como decíamos, sobre todo, de las charlas entre seres queridos. 
Y si lo pensamos así, podríamos considerarnos un poco adictos todos, porque la mayoría de los que usamos, o “abusamos” de estas tecnologías, estamos oyendo, pero no escuchando…estamos pasando un rato con gente, pero no compartiendo. Escuchar de forma activa nos permite conocer el mundo interno del otro, del que nos habla, saber y comprender lo que siente y lo que a veces incluso no nos dicen sus palabras. 
Cuando sabemos escuchar, hacemos que el otro también nos escuche. Esta habilidad se aprende y debemos “practicarla” . De esta manera, disfrutaremos de verdad de la compañía de los demás… nos daremos cuenta lo grandioso que es mirarse a los ojos al hablar, y lo confortable que se siente que alguien está interesado realmente  por lo que decimos.
 

Clara Llinás, Lic. en Psicología

Clara Llinás

28 años, Lic. en Psicología. Dentro del campo de la Psicología me desenvuelvo mayormente en lo que refiere a Discapacidad. Hace más 6 años trabajo con niñ@s con Trastornos del Espectro Autista, amo lo que hago y me formo constantemente para hacerlo con dedicación y responsabilidad. Encuentro en mi rol profesional muchas satisfacciones a diario, y hoy en día amo mi rol de tía, mi cable a tierra. “No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor”

 

 

Dejanos tu comentario

 

También te puede Interesar