Te tengo una mala noticia

 

¿Cuántas veces tu jefe no recordó tu nombre? ¿Cuántas veces intentaste hablar con él y estaba “nadando” en elaboraciones de complicadas planillas o manuales de procedimientos? ¿Y las veces que necesitabas su opinión y estaba en reuniones? Y ni hablar si un día llegaste a trabajar y tenías cámaras en tu oficina. Te tengo una mala noticia: tu jefe no es tu líder. Y lo que es peor: no dimensiona que las personas son el principal activo de las organizaciones, para él sos “su empleado”.

“Querido jefe, dos líneas para Ud.: primero, las personas no renuncian a las empresas, renuncian a los malos jefes, téngalo siempre en cuenta. Segundo, hoy tiene Ud. poder formal (alguien lo nombró jefe), pero no siempre puede ser así, y de algo tiene que estar seguro: las personas pueden olvidar cosas, pero jamás olvidarán como las hicieron sentir”.

Las organizaciones que perdurar no tienen empleados, tienen colaboradores. El poder formal por el cual alguien le da a una persona el título de jefe, no le llega a los talones al poder por el cual los colaboradores le dan a una persona el título de líder.

Y ahí quería llegar… basta de jefes, bienvenidos sean los líderes. Ser jefe es un trabajo, ser líder es un estilo de vida. No son sinónimos (salvo contadas excepciones), son palabras distintas: un líder enseña, confía, comparte su saber, trabaja a la par de sus compañeros, agradece, motiva. No les ordena a las personas qué hacer, sino que las aconseja y les explica el por qué de sus decisiones.

Cuando estés en un emprendimiento propio, y tengas colaboradores a cargo, vístete de líder. El “disfraz” de jefe ya está viejo. Por suerte las modas pasan.

Te dejo algunas ideas para comenzar a transitar el camino del liderazgo:

Procurá siempre una comunicación responsable, esto es,  escuchar activamente. Asumí el compromiso de entender y comprender primero a los demás.

Apoyate para comunicar, siempre en hechos, no en opiniones. Los hechos son objetivos, las opiniones son subjetivas y por lo tanto no aconsejables para expresar ideas. Para que se entienda: decirle a un colaborador que su informe de ventas tiene dieciocho páginas es una comunicación basada en un hecho, por el contrario decirle a ese mismo colaborador “¡tu informe está incompleto!”, es una comunicación basada en una opinión. ¿Cómo cambia, no?

Siempre entregá feedback. Siempre retroalimentá. Para que tengas en cuenta: si lo que tenés que decirle a tu colaborador es negativo, hacelo en privado (acordate, apoyate en hechos, no en opiniones). Por el contrario, si la retroalimentación es positiva, hazlo en público.

Poné a dieta el ego” No son “tus empleados”, son colaboradores. Que el poder formal o tu cargo en el emprendimiento o en la organización no infle tu ego.

Transmití pasión. Eso se logra de dos formas: trabajando a la par de tu colaborador, y motivando. La persona motivada, es una persona alegre, una persona que contagiará a quienes la rodean, la persona desmotivada… bueno, ¡todo lo contrario!

Si alguna vez tenés la posibilidad de elegir, ya sabés, no sigas lo establecido, sé diferente, elegí ser líder. Es más esforzado, pero menos efímero. Las personas (¡y por supuesto la empresa o el emprendimiento, que no es ni más ni menos que la suma de las personas!) te lo van a agradecer.

Diego Hernán Pagliano

39 años, Contador Público Nacional, Licenciado en Administración y Profesor de Grado Universitario en Ciencias Económicas. Docente de la Universidad Nacional de Cuyo. Capacitador y papá. Acá vas a encontrar una visión actual del mundo de los emprendimientos, en tu idioma.

 

 

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