Educar desarrollando la imaginación vs Educar con Imagen

 

En esta era de la revolución tecnológica, en lo que lo virtual supuestamente atraviesa la frontera de lo real, en un mundo que se esperan respuestas inmediatas, ya sean verdaderas o falsas debido a que prima la inmediatez ante la veracidad de las cosas, las imágenes han tomado gran protagonismo, cuestión muy bien sabida por los diferentes medios audiovisuales que hacen un abuso de la inmediatez, dejando muy de lado la veracidad de la información que brindan.  

Un gran problema difícil de superar por las instituciones educativas, es el fuerte impacto que sufrimos con la proyección de imágenes, realidad que se multiplica constantemente. La facilidad que hoy tenemos de ver una imagen o video debido a los diferentes soportes tecnológicos que nos rodean (televisores, celulares, Tablet, notebook, netbook y todo tipo de Pantallas que emitan una imagen o videos), genera un bombardeo a nuestra mente con repuestas inmediatas que la mayoría de las veces no son necesarias. Lo táctil en lo virtual ha logrado que hasta sin saber leer podamos entrar y manejar muchos de los soportes que emiten imagen.

Tanto la palabra oral como la escritura han sido desplazadas por la Imagen en varios sentidos: como es en la “transmisión de conocimiento”, el de la “búsqueda de la reflexión” y en la “interpretación de las cosas”.

Ya como es el dicho “una imagen vale más que mil palabras”: ¿Ustedes creen en este dicho? ¿Es verdad el mismo? No necesito una inmediatez en la respuesta, tómese el tiempo que sea necesario para reflexionar sobre la misma. Prefiero veracidad que inmediatez.

La proyección de una imagen, corta todo tipo de imaginación de quien la ve. Y aquí merece espacio una reflexión: como nos hemos ido mecanizando con el tema de esta constante proyección de imágenes que entran por nuestros ojos e impactan en nuestra mente y quedan grabadas en nuestro inconsciente.

Vamos a poner un ejemplo y una situación práctica: Imaginemos una docente sentada en ronda con sus quince alumnos en el patio de una escuela en el cual abunda vegetación y frondosos árboles que dan una hermosa sombra donde se encuentran sentados los alumnos, y la maestra empieza a leer un cuento o contar una historia: ……..“Había una vez un elegante Príncipe que viajaba en una hermosa carreta, la misma era remolcada por bellos caballos”……….

Si esto solo es contado sin mostrar ninguna imagen habrán quince príncipes elegantes, quince bellas carretas, e incontable cantidad de bellos caballos remolcando las carretas. Cada niño imaginará su cuento.

Pero si nosotros a estos niños les ponemos delante de sus ojos una imagen de un Príncipe viajando en una carreta mientras le contamos el cuento, para estos quince chicos sólo habrá un príncipe y una sola carreta y la misma cantidad de caballos.

¿Por qué? Porque la imagen es un producto terminado de nuestra mente, que no deja espacio para la creación: llega, impacta nuestra mente y queda grabada en nuestro inconsciente o si somos conscientes en nuestro consciente, pero lo más seguro quede en el inconsciente.

En cambio, sino mostramos la imagen, cada uno de los chicos usará su imaginación y creará en su mente al Príncipe, la carreta y los caballos, los irá creando hasta que llegue a su producto terminado, “la imagen”, creada por su imaginación.

Lo mismo le hubiera pasado a ustedes si yo hubiera puesto esta imagen  con los niños sentados en ronda.

Hoy, la informática y los diferentes dispositivos con los que nos “comunicamos” a diario hacen que estemos todo el día recibiendo imágenes. Desde muy pequeños, los niños pasan horas sentados frente al televisor viendo dibujitos, quietos, llenando sus mentes de imágenes, de fantasías que atrofian de a poco su centro intelectual por su abuso como el centro motriz por su falta de uso. Niños que se aburren cuando se les apaga el televisor, se los saca de la computadora o se le quita el celular. Niños que no juegan porque no pueden imaginar. Niños que han perdido la capacidad de asombro, no hay algo que los impresione.

Recordemos cuando éramos pequeños y jugábamos a los autitos, y esos autitos eran unas piedras. Pero eran unas piedras para los mayores que nos veían jugar, porque para nosotros esas piedras se habían transformado en verdaderos autos, gracias al poder de nuestra imaginación.

Hoy, por falta de tiempo para dedicarles a nuestros hijos y por miedo a que les pase algo, preferimos que nuestros hijos estén frente a la computadora o al televisor en vez de estar jugando al aire libre con ellos, tirarnos al piso a jugar con materiales nobles de la naturaleza. Preferimos comprarle el mejor juguete, de plástico con las mejores terminaciones, que sea lo más real posible, sin saber que le estamos haciendo un daño psicológico muy grande a nuestras criaturas, y que se entretengan solos, que no molesten porque estoy ocupado y no puedo perder tiempo. Entonces caemos en la fácil: dejarlos frente a la tele o la compu que no molestan.

No voy hablar de si la tecnología es mala o es buena porque ya hablé anteriormente que cada cosa tiene su lugar y su momento. Si logramos respetar esto con la Proyección de imágenes a través de estos dispositivos, no pasaría lo que nos pasa con nuestros hijos pequeños, niños, adolescentes y jóvenes. Estamos teniendo un problema grave con estos dispositivos: han invadido todos nuestros espacios y ya no hay respeto por quien está de cuerpo presente, y es más importante lo que pasa por el dispositivo que lo que realmente le pase a la persona que tenemos en frente. Interrumpen almuerzos familiares, juntada con amigos, momentos de intimidad, momentos de reflexión, los instantes de meditación, y todo lo que esté relacionado con el aquí y ahora.  

“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas.” Frase de Albert Einstein, y  lamentablemente creo que ese día llego.

Vale la pena preguntarnos: ¿Qué es lo que nos pasa como humanidad? ¿Qué es lo que no nos deja ver la realidad? ¿Qué es lo que nos tiene hipnotizados? ¿Qué IMAGEN nos hemos creado de nosotros mismos? ¿Qué IMAGEN proyectamos de los demás? Vale la pena tomar conciencia de quiénes somos y ¿Qué lugar le damos a la proyección de imágenes con estos dispositivos y en qué momento se lo damos?

Vale la pena reflexionar ¿Qué calidad de vida le estoy dando a mis hijos? ¿Qué es lo que soy capaz de dejar de lado para jugar con mis hijos? ¿Qué actividades realizo con mis hijos que ayuden a desarrollar la imaginación de los mismos?

Y volviendo a la escuela: ¿Cómo influye esta proyección de imágenes cuando los niños ingresan a las instituciones educativas? ¿Aporta solución a este tema la escolarización cada vez más temprana de los niños?, y si es por esto que el estado lo plantea ¿Los docentes están preparados para afrontar esta problemática? ¿Conocen o desconocen de la misma? ¿Es un problema que tiene que reparar el Estado a través de las instituciones educativas o es un problema que nos tenemos que hacer cargo como padres de familia?

En realidad: ¿Cuál es el verdadero objeto o fin por el que se creó la escuela?:

¿Educar? ¿Trasmitir? ¿Informar? ¿Formar? ¿Deformar? ¿Extraer? ¿Sacar? ¿Trasmitir Valores o Trasmitir Conocimientos? ¿Formar para ganarme la vida o para que la vida no me gane? ¿Para asegurarme el futuro?

Y lo más raro aún de todo esto, es que no podemos dar respuesta certera de cuál es el verdadero objeto o fin de la escuela pero seguimos mandando a nuestros hijos como si estuviera correcto.

 

  

Roberto Senarega

34 años, Interesado en la Educación y apasionado por encontrar el porqué de las cosas. Amo a mis hijos y a mi señora. Sueño con la utopía de un mundo mejor. Creo en que las soluciones se logran erradicando los problemas de raíz. Agradezco haber encontrado el camino de la meditación. Y como me dijo una vez una querida amiga: “Beto, para vos tu vida es como si fuera un cuento”. Ahhhh me olvidaba, me recibí de Contador público nacional y después de profesor.

 

 

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