Dos grandes acontecimientos… que hicieron daño a la educación

 

Haciendo un análisis de la educación, no solo de nuestro país sino a nivel mundial, ni tampoco quedándonos con la educación escolarizada sino más bien con una mirada amplia del concepto de educación, una mirada que incluya el proceso de la evolución de la humanidad, o por qué no decir la involución de la misma, como a usted más le guste; podemos identificar dos grandes acontecimientos que marcaron el rumbo de la vida de las personas en sociedad. Hoy, estaríamos viviendo un tercer acontecimiento para el cual ya tendremos su momento para dedicarle.

Uno, un poco más antiguo que el otro, pero no por eso menos importante. Por poner un orden vamos a nombrar primero al más remoto y luego al más reciente.

El más antiguo fue la aparición de la escritura, cuando lo escrito comenzó a tener más valor que la palabra; y el más reciente es el fenómeno conocido en la historia como la revolución industrial,  a través del cual ya nada será lo mismo para la humanidad porque llegamos a la época en la que la palabra TIEMPO cambia su conceptualización.

Con este primer acontecimiento, la aparición de la escritura, uno podría preguntarse: ¿cómo la relaciono con educación o qué daño realmente le hizo si es muy útil en la misma? Haciendo una pequeña reflexión sobre la escritura en sí, no es que la misma cause un daño, pero sí lo hace “el valor que hoy le ha dado la humanidad”. Vale más lo que dice un papel que la palabra en sí. Muchas veces se produce una disociación en lo que digo con lo que escribo terminando en un engaño, y en estos casos si está escrito pesa más la escritura que la palabra en sí.

En este proceso de involución de la humanidad en el cual la frase “Te doy mi palabra” ha dejado de tener valor, porque como es el dicho “las palabras se las lleva el viento”, es necesario dejar todo por escrito.  La palabra no tiene valor si la misma no está escrita y acompañada de la firma de las personas. Es más, ahora un contrato no sólo basta con la firma sino que la misma tiene que ser certificada por escribano, y el contrato sellado ante organismos públicos, dejando en claro qué incluye y qué no en cada cláusula porque si nos olvidamos de algo y nos equivocamos en una coma que cambie la interpretación por más que sepamos que está mal, vale lo que está escrito.

La importancia del VERBO, la fuerza de la voz ha dejado de tener validez. Hay que tomar conciencia del VERBO, y cuando hablo del verbo me estoy refiriendo a la palabra hablada, al sonido emitido al hablar.

¿Y por qué es necesario tomar conciencia del VERBO? Porque el mismo en sí crea, es fuente de la creación, el sonido es la fuente de la creación del universo. ¿Y qué podemos crear nosotros con nuestro verbo que hoy nada vale? Muchos escritos bíblicos de distintas religiones lo afirman en una frase la cual transcribo:   

 

EN EL PRINCIPIO ERA EL VERBO,

Y EL VERBO ERA CON DIOS,

  Y EL VERBO ERA DIOS”

Es indispensable, si queremos un cambio para crear una sociedad en la que reinen los valores del hombre, el respeto al principio fundamental de la creación: el VERBO, empezar a confiar en la palabra de los demás tomando el compromiso de cumplir con nuestra propia palabra. Así, iremos cambiando nosotros y la sociedad.

El segundo acontecimiento, la revolución industrial, fenómeno mundial que generó un cambio en las personas, por darle una gran importancia al dinero, lo que afectó la forma de pensar, de actuar, los hábitos y costumbres generando una necesidad de que si no tengo dinero no puedo vivir, cambiándole el sentido de intercambio y de facilitador de operaciones para convertirse en un bien en sí mismo.  

Deberíamos preguntarnos si El TIEMPO como hoy lo conocemos ¿existió siempre? La revolución industrial generó un concepto distinto en el mundo que es: el TIEMPO es DINERO, y se creó la ilusión de que la industria sería progreso para la sociedad y se enfocó todo como si esto fuera así; y es más, hay gente que todavía sigue pensando que lo es. Este concepto no solo afectó la industria sino que se extendió por todo el mundo en todo aspecto, llegando a la comercialización, e invadió a la sociedad por donde quiera que se la vea. La escuela que es parte de la Sociedad también se vio afectada por este fenómeno.

Los sistemas educativos fueron tomando diferentes formas para acompañar a la industrialización generando mano de obra capacitada para la misma y así salieron las diferentes carreras cortas de estudios para poder hacer frente a las necesidades de las industrias. Y el Estado en su rol de facilitar trabajo y de cumplir con unos de sus aspectos fundamentales, vendió su alma a los grandes empresarios, utilizando los sistemas educativos para crear lo que los empresarios necesitaban para sus industrias.ee

Ha sido tan inminente la necesidad del estado y la preocupación por cumplir con este objetivo que si se toma un tiempo para analizar el formato de la escuela y se lo compara con el de una industria, se observa de una forma abrupta la estructura de la industria dentro de la escuela.

Podríamos preguntarnos: ¿quién tiene la culpa de cómo está la educación hoy?:

- ¿Es el Estado a través de los intereses de los Gobernantes o los Empresarios por sus  intereses económicos?

- ¿Es el TIEMPO que se transformó en DINERO o la PALABRA que se transformó en ESCRITURA?

- ¿Es la Evolución del progreso o la Involución de la humanidad?

- ¿Es la sociedad en su conjunto o es el individuo en sus acciones particulares?

- ¿Son ellos los culpables o somos nosotros mismos?

 

Para finalizar, comparto un video que trata de un cambio de paradigma en la educación y en una de sus partes compara la estructura de la escuela con la de la industria:

 

Roberto Senarega

34 años, Interesado en la Educación y apasionado por encontrar el porqué de las cosas. Amo a mis hijos y a mi señora. Sueño con la utopía de un mundo mejor. Creo en que las soluciones se logran erradicando los problemas de raíz. Agradezco haber encontrado el camino de la meditación. Y como me dijo una vez una querida amiga: “Beto, para vos tu vida es como si fuera un cuento”. Ahhhh me olvidaba, me recibí de Contador público nacional y después de profesor.

 

 

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