Puzzle de identidades

 

La vitivinicultura Argentina se encuentra atravesando un momento, cualitativamente hablando, genial. Se ha adoptado felizmente el concepto de “vinos de autor”, y se hizo poco después o casi en simultáneo con el estudio del concepto de Terroir, tomando como actor principal al Malbec, que define nuestra marca país.

Atrás ha quedado esa antigua moda de uniformizar a nuestros vinos con un traje de madera. Se entendió que como consumidores merecemos encontrar aromas mentolados, eucalipto, frutas, pimientos y demás descriptores que sean consecuentes con la planta que nos regala su uva, el suelo del que ella se nutrió y la amabilidad del ambiente durante su ciclo vegetativo.

Pero más allá de merecernos todo esto, nos encontramos antojados de descubrir algo de aquellas personas que diseñan nuestro juguete, queremos la firma en el cuadro.

Argentina es un país donde se encuentran grandes blends, pero el grueso del consumo se sitúa en los vinos varietales. Somos varietalistas, así como también somos históricamente personalistas: no todos sabemos de fórmula uno, pero si escuchamos hablar de Fangio; aunque jamás hayamos jugado al jockey, puede que paguemos por una camiseta de Lucha Aymar; a pesar de que a muchas mujeres no nos gusta mirar futbol, estamos orgullosas de Messi; de echo Argentina es un país donde todos opinamos de política, pero no hablamos de idealismos partidarios, sino de Macrismo, Kichnerismo, Peronismo y la lista sería interminable.

Hoy las redes sociales hacen que podamos trasladar ese personalismo al vino y esto, a mi parecer es fantástico.

Es muy común ver fotos tomadas en vendimia, donde se descubre al enólogo y parte de su grupo de trabajo. En ellas muchas veces encontramos familias y en algunas podemos apreciar la convivencia de distintas nacionalidades, este es el fenómeno vitivinícola más enriquecedor y más antiguo.

El coupage de nacionalidades es tan importante, que la mayor parte de los viñedos que hoy vemos en el mundo son el resultado del injerto de una planta de varietal europeo (Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec, etc) llamada “Vitis vinífera”, sobre un pie americano (muy resistente) llamado “Vitis rupestris”. Es que ya hacia el siglo que XIX, pudimos admitir que mezclados somos más fuertes y ésta fue la única manera de hacerle frente a la filoxera, plaga que por esa época llegó a Europa desde américa y arrasó con los viñedos del viejo mundo, que hasta entonces se componían de plantas no injertadas.

Tal vez por esto Trump se enriquece de nuestra industria, pero se declara abstemio. Es que se necesita de cierto coraje, para enfrentarse solo a una bebida de tamaña connotación histórico-cultural.

Los franceses definieron el Terroir como la conjugación de tierra, clima y mano del hombre. Pero en el último factor confluyen infinidad de componentes, sobre todo porque hablamos de un sin número de manos. Donde cada una tiene distintas maneras de trabajar, acordes a su formación académica y experiencia laboral, pero sobre todo a su carga de vida y a la manera de vivir su paso por la industria.

Así es como un vino autentico, termina siendo algo así como un puzzle de identidades, que nos transciende en tiempo y espacio.

En algún momento vi un programa dedicado a hablar de vinos y placeres, donde se le preguntaba a un joven enólogo mendocino como había formado su estilo de trabajo. Y para mi triste sorpresa él respondió que lo había ido armado sólo.

Sin lugar a dudas yo me encuentro recién proyectando el mío, pero me gusta sentir la responsabilidad ensamblar una botella, conjugando la gran influencia de mis madres enológicas, y de quienes me siguen nutriendo profesional y humanamente.

Es que deberíamos tomar el compromiso de trasladar tanta diversidad al vino, como el juramento hipocrático de todos los que adoptamos a la vid como nuestro árbol de la vida.

Paula Latorre

Paula Latorre, Lic. en Enología, 25 años, trabajo en Arpex Argentina y me divierto en la La Finquita 1920, emprendimiento de garage. Me gusta entender la enología como una profesión que me permite trabajar jugando y aprender de la gente.

 

 

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