Como un cuento: Divididos en Alvear

 

Más de 10 mil personas se acercaron al predio Andes Football Club para ver el show que la banda del Oeste preparó. El predio, perfectamente preparado para recibir esa cantidad de personas, incluso varias más, fue el escenario de una noche mítica, casi como un cuento de esos que nos contaban de niños.

Se me hace muy difícil hablar propiamente de música cuando de Divididos hablamos, porque ellos dicen por sí solos lo que las palabras no alcanzan a describir. Pero si podemos hablar del ambiente que se vivió entre los presentes.

Fueron cinco las bandas que dieron apertura a la festividad por la primavera. Y a las 22 horas el estadio quedó en completa oscuridad, alertando a los presentes que le trío rock de los noventa, más que vigentes hoy en día, estaban a punto de subir al escenario.

Y cuando nadie sabía lo que iba a suceder, el Himno Nacional Argentino se encargó de poner la piel de gallina en todo el público. Un Mollo con guardapolvos blanco entonó las estrofas de Vicente López y Planes. Así arrancó el show, ¿qué más podíamos pedir?

Todo estuvo en orden. El ingreso, la salida, los controles, todo se dio en un marco perfecto de organización, digna de destacar. Fue un show familiar, un público tranquilo pero que no dejó de saltar y cantar los éxitos de la aplanadora.

 

 

La lista de temas incluyó prácticamente todo lo que queríamos escuchar. Desde los clásicos como El 38, Sábado, Paisano de Hurlingham y Nene de Antes. Pero dentro de esta maravillosa lista, hubo versiones inolvidables para los presentes, como por ejemplo la de El Arriero y Ala Delta.

Como siempre, la aplanadora toca temas de Sumo. Esta vez, pudimos disfrutar de La Rubia Tarada, Crua Chan y el cierre con Next Week. Por otro lado, una versión fantástica de Tengo, como ya lo habían hecho y el clásico de Pappo, Sucio y Desprolijo.

 

Entre tema y tema, sonaron acordes de Zeppelin, de Santana, sonaron maravillas de otro planeta que para estos inmortales, no son más que canciones que están a su altura. Mollo es el héroe del campo de batalla, el tipo que lleva la bandera al frente y grita todo lo que tiene que gritar para que se escuche la victoria que está por llegar. Arnedo, inigualable y perfecto, no erra notas, no se equivoca, no sabe hacer otra cosa que tocar perfecto cuando toca. Y Catriel, el Messi de la batería, se divierte tocando, lo hizo casi 3 horas seguidas y terminó impecable. Es el mejor batero del país y me da la sensación que si buscamos comparaciones en el mundo, no hay muchos que se le parezcan, tal vez sea, porque en realidad es de otro planeta.

Los pibes remontaron barriletes hasta la 00.45. La virgen pasó haciendo ala delta por el cielo porque nadie quiso perderse el recital de Divididos.

Divididos no pasa de moda, nunca podrá pasar de moda si siguen tocando como lo hacen. Todos aquellos amantes de la música deberían permitirse alguna vez en sus vidas, ser parte de un recital de estos muchachos, porque cualquiera que vaya una vez, dirá que está ansioso por volver a escucharlos.

 

Fotos gentileza Adrián Abalay

Martín Falcone

Martín Falcone, 28 años, director editorial de Ojos de Café.

 

 

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