“Todavía quedan cosas de Borges que no se van a publicar nunca”

 

La periodista Marina Artusa le realizó una entrevista a María Kodama, ex pareja del escrito argentino Borges. La entrevista se desarrolla en Ginebra y ella está homenajeando los 30 años de la muerte de Jorge Luis. De hecho en ese lugar descansa el poeta.

“No sé por qué la Argentina expulsa. Y no lo hizo sólo con Borges. Sarmiento murió en el Paraguay, San Martín en Boulogne Sur Mer y Moreno, envenenado en alta mar, también mientras se iba”, dice María Kodama, sentada en la Brasserie-Restaurant de l’Hotel De Ville, en Ginebra. Vino para asistir a los homenajes que el martes recordarán los 30 años de la muerte de Jorge Luis Borges, su esposo, quien eligió esta ciudad para morir y ser enterrado.

–¿Le parece que Borges no ha sido reconocido en su grandeza en su tierra?

–Creo que Borges es reconocido en su grandeza donde tiene que ser reconocido.

–¿Por ejemplo?

–En Estados Unidos, donde lo adoran. En Francia, en España, en Italia.

Kodama dice que en 30 años no ha cambiado nada en la Argentina respecto de la valoración de la figura de Borges. Que ella no tiene televisión, que no compra diarios y que, cuando surge algún tema vinculado al legado del escritor que ella custodia con celo de guardia pretoriana, sus amigos la informan. “Yo los llamo mis juglares noticieros. Cuando hay algo me lo mandan”, dice Kodama, engripada. Desde que llegó a Ginebra estuvo en cama.

–Tal vez está sensible por el aniversario y le bajaron las defensas.

–Mire, no lo creo. Cuando uno se enferma se enferma.

–Tal vez está un poco nostálgica.

–Yo no estoy nunca nostálgica. No sé por qué la gente quiere verme nostálgica. Es un sentimiento que no me va.

–Es brava usted, María...

–Soy libre. Que es más que ser brava. Borges me decía que yo era la primera prisionera de la libertad y que yo, para ser libre, cortaba con todo, incluído cortaba con él si era necesario. Y que eso es la prisión. Yo le decía que sí, pero que era la única prisión que yo podía soportar psicológicamente. El me decía: “Con esa lógica cartesiana es imposible continuar la discusión”. Ser libre es durísimo. No te lo podés imaginar.

–¿Por qué cree que no soy libre?

–Si estás casada y tenés hijos no sos libre. Estás hipotecada.

–Usted también se casó.

–Es diferente. Porque fuimos dos seres que nos aceptamos. El aceptó mi libertad o de lo contrario yo cortaba. Y yo acepté como era él o de lo contrario él cortaba.

–¿La libertad fue un planteo entre ustedes?

–No creo en el matrimonio y no quería casarme. Tenía 5 años y un día le pregunté a mi papá si era obligatorio casarse. Borges me lo pedía desde que yo tenía 18 años. Alguien me dijo que había leído que la nuestra era la más bella historia de amor del siglo XX.

–¿Lo extraña?

–No lo extraño ni lo recuerdo porque está en mí.

–¿Habla con Borges?

-Le escribo, que es una manera de hablarle.

–Treinta años representan una generación. ¿Qué vínculo puede tener con el más grande escritor argentino una generación que nació y creció sin él?

–Esa generación sin Borges es la que está enloquecida desde el punto de vista científico con su obra. El cambio generacional tomó esa dirección porque Borges no es el escritor que narra un cuento o que escribe un poema sobre el amor y basta. Es un autor con una profunda base filosófica. Lo que él da es la filosofía transmutada en literatura. Hay algo que está presente en quienes escriben literatura fantástica. Dicen que el sexto sentido está en la pituitaria, y que algunas personas la tienen un milímetro más desarrollado y eso les permite, de alguna manera, ver cosas. Como Julio Verne o H.G.Wells con Viaje al centro de la tierra y Los primeros hombres en la luna. En esa época era un delirio. Lo mismo sucede con respecto a Borges y lo que él fue haciendo con sus cuentos. Hoy los científicos, físicos, matemáticos cuánticos, todos, encuentran en la obra de Borges las bases de lo que investigan. Esa es la brillante herencia. Eso es ser genial.

Que Borges recordaba perfectamente lo que soñaba. Que lo utilizaba como materia prima de su literatura. Que amaba los baños de inmersión y que era allí, en remojo, donde comenzaba su trabajo creativo: “Borges utilizaba el material de sus sueños –cuenta Kodama–. En los baños de inmersión sabía si lo que había soñado servía o no servía. Iba haciendo el descarte de lo que había soñado”.

–¿Conserva material que no se haya publicado?

–Dos cosas que no se van a publicar nunca.

–¿Por qué está tan convencida?

–Porque Borges las hubiera corregido y hubiera hecho una cosa maravillosa de eso. Como yo sé que eso era una especie de borrador y nada más, respeto lo que él deseaba.

–Tal vez podría revelar algo. Como sucede con los archivos clasificados o los derechos de autor, que con el tiempo caducan el embargo.

–Deberíamos esperar cien años.

–Pasaron 30. ¿Nos vemos aquí dentro de 70 años y revela lo que nunca contó?

–Nos vemos aquí en 70 años.

 

Fuente: Clarín

 

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