Sabine Couderc: Los ojos del mundo que viven en San Rafael

 

“Después de todo, ¿por qué ha de tratarse a los extranjeros como extraños?”

El interrogante de `Abdu'l-Bahá resulta un punto bastante común para todo foráneo que se encuentre viviendo en cualquier patria de adopción, existe una tendencia generalizada a considerar que quien proviene de un entorno externo al nuestro, es a todas luces, diferente y se debe remarcar constantemente su carácter de outsider. Ésta característica local puede ser exteriorizada de forma cómica, situando al extranjero en el lugar de mascota del equipo, haciendo eco de clichés escuchados mis veces y que siempre terminan por rozar la xenofobia. El síndrome del turista, podríamos llamarle, ¿qué pasa entonces con el extranjero que no es ningún turista sino un ciudadano más, igual que cualquier otro?

Hoy sería conveniente poner el foco en aquellos que desarrollan su vida en consonancia con cualquier otro argentino, pero no hacer énfasis en sus supuestas diferencias, sino destacar su carácter y, lo mejor de todo, su argentinidad.

¿Qué mejor forma de hacer esto que conociendo un poco mejor a los sanrafaelinos de “otro lado”? De este modo damos inicio a una serie de conversaciones con aquellos conciudadanos que gozan de la particularidad de haber nacido en el exterior.

Sabine Couderc, nació y se crió a la orilla del mar mediterráneo en Francia en 1964, lugar en el que vivió durante casi 40 años hasta que, en el año 2002, tomó la determinación de cambiar radicalmente su vida estableciéndose en un recóndito extremo del mundo.

 

¿Qué la llevó a cambiar de vida en forma tan drástica?

- Fue por dos motivos, en realidad.

Nosotros privilegiamos mucho la parte de los valores humanos y las relaciones sociales pero, en el momento en que decidimos venir acá, Francia se encontraba en una situación económica complicada y sentíamos que vivíamos con una presión de consumismo muy fuerte y esa misma presión te lleva a aislarte, a privilegiar tu trabajo y tu plata. Eso nos llevó a tomar esa determinación a los 40 años, edad en la que se suele tener una suerte de revolución en sí misma, en la que uno se plantea que, si quiero cambiar, el momento es ahora porque después es tarde.

Tranquilamente pudo haber escogido un destino más acorde al estilo de vida que llevaba en Francia entonces, ¿por qué Argentina? ¿Por qué San Rafael?

- Eso formó parte también de nuestra decisión de cambiar de vida. Ya que cambiar de vida no solo es cruzar una frontera, implica cambiar de cultura, de idioma, de forma de vivir. Entonces, ¿por qué Argentina? Podíamos ir a cualquier lugar del mundo, Estados Unidos, Australia, China, pero resulta que siempre he tenido un afecto particular por América Latina, por la cultura latina, por la música, la literatura y el idioma español, qué siempre me encantó. América Latina, la Cordillera de los Andes, desde Francia me resultaba un lugar imposible de alcanzar, se me representaba como una zona de espacio, de tranquilidad y bastante protegida.

Por otro lado, la elección de tuvo un lado más pragmático ya que mi marido tenía una propiedad vitivinícola en el sur de Francia, vivía una crisis muy dura en ese momento en su actividad laboral y, cuando decidimos partir, le dije “vamos a cualquier parte del mundo menos a un país anglo-hablante”. Miramos el mapa y dijimos, bueno, vamos a Argentina. Fue un poco al azar, pero no completamente, ya que el hecho de poder desarrollar la actividad vitivinícola en esta zona fue un aliciente.

Vimos en internet cosas acerca de las zonas vitivinícolas en Argentina, fuimos a Mendoza y me encantó, pero me pareció muy grande y yo quería vivir en una zona rural. Luego fuimos a San Juan, también me gustó, pero recuerdo que fuimos un día de viento zonda y pensé que me iba a morir, fue terrible, no podía imaginarme viviendo en esa zona. Es un lugar precioso, pero no para vivir (risas).

Llegamos a San Rafael un día de primavera, había un sol fantástico, todos los árboles en colores impresionantes y yo me dije “acá quiero vivir”.

¿Qué pre-conceptos tenía del país o de la región antes de venir a establecerse?

- De ésta región nada, no sabía nada. Ni sabía que existía Mendoza.

De Argentina, Buenos Aires, sí. Yo tuve siempre una concepción muy positiva de Argentina, no sé por qué. Siempre he tenido un interés por la cultura argentina, por la historia y por la forma de hablar de la gente acá, por muchas cosas, pero lo cierto es que cuando llegué me di cuenta de que no conocía Argentina, pensaba que la conocía, pero no era así. Conocía los clichés de Argentina, sabía que era un país atormentado por las dictaduras, sufrido, pero bello por su geografía y muy rico por sus recursos naturales, pero nada más, no tenía idea de su realidad. Solo eso sabía.

Teniendo en cuenta que hace unos 15 años que está viviendo acá, ¿se siente plenamente integrada al lugar?

- Totalmente. Ahora me siento tan argentina que hasta tengo la nacionalidad, así que sí, me siento totalmente integrada.

Pero, ¿hay diferencias que persisten, respecto a su antigua vida?

- Sí, persisten muchas diferencias. También persisten muchas cosas parecidas, ya que cambiar de vida es un proceso muy complejo, porque no es cuestión de repetir lo que uno deja atrás, cuando uno decide cambiar su vida y la de su familia primero tiene que dejar atrás muchas cosas. Pero sin dolor, es una decisión, uno sabe lo que deja atrás, esto es dar la vuelta a la página, saber que esa etapa existió, que fue un momento hermoso, pero que forma parte del pasado y se está abriendo otro capítulo. A ese capítulo tenés que inventarlo, que construirlo, porque no sabés nada de ese nuevo capítulo y, para lograrlo, tenés que adaptarte totalmente. Cuando digo totalmente me refiero a que dejar atrás algo es, realmente, dejar una parte de sí en otro lugar y construir una nueva realidad de sí.

Adaptarse implica no tratar de repetir lo que uno ha vivido, sino tratar de hacer lo posible con lo que hay en el entorno, nada más, y tratar de ponerse en el mismo lugar que tu vecino. No quedarse en lo que tenías en el pasado, aprender más acerca de vos mismo, de quién sos.

¿Encuentra puntos de relación entre el lugar del que proviene y donde se encuentra ahora?

- Muchísimos, primero la geografía. Bueno, yo vivía a la orilla del Mediterráneo u ahora vivo a la orilla de la cordillera, eso sí es diferente, pero la agricultura de la zona tiene un aspecto muy francés. Esta zona es muy parecida al sur de Francia; viñedos, frutales, olivos.

No hay tanta diferencia cultural fundamental, más que la gastronomía, la música, que si son distintas, pero lo cierto es que con mi familia no tuvimos que hacer un esfuerzo para adaptarnos, ha sido fácil.

¿Hubo algo, cuando llegó, que le haya hecho creer que este cambio podía llegar a no funcionar?

- No, tuvimos dificultades, por supuesto, pero siempre encontramos la solución, siempre hubo salida. Nosotros tenemos una filosofía en la vida que radica en el hecho de que no hay problemas, siempre hay solución, consideramos que el problema en sí mismo no es problemático. No hay dificultades profundas que puedan impedir la integración, la única forma de encontrar esas dificultades es intentando repetir tu vida anterior. Si a vos te gusta la vida como la tenías en Francia, entonces volvé a Francia, porque solo ahí la vas a encontrar, no en Argentina, ni en China, ni en Estados Unidos.

¿Existen particularidades de la argentinidad que le resulten molestas?

- Sí, hay algo, pero es algo que me molesta mucho. (Risas)

Se trata de algo a lo que todavía no me puedo adaptar, es la tranquilidad con la cual los argentinos se manejan en la vida, que “si no se hace hoy, se hace mañana”, que no hay ningún problema, esa incapacidad para proyectarse a futuro y, para mí, esa es la clave de las dificultades y de las crisis que enfrentan los argentinos. No se proyectan, viven el día a día, porque cuando alguien habla de proyectos habla de establecer qué voy a hacer y quién voy a ser dentro de un tiempo. Tratar de imaginarse en una situación que no existe todavía, pero que tenés que construir para que puedas lograrlo, si vos vivís todo el tiempo el día a día no vas a construir nada y eso se refleja en muchos detalles; la impuntualidad, el clásico “se me complicó”, cuando yo tuve que organizar mi vida para cumplir con mi compromiso con vos y a mí también “se me complicó”, pero superé esa complicación y vos no la superaste, no supiste proyectarte en una situación que está por ocurrir y eso me molesta.

Su estadía en este lugar, ¿tiene fecha límite o es indefinida?

- Indefinida, es algo que todavía no tengo en claro, pero yo sé que en mi caso voy a volver a Francia, porque creo que son etapas de la vida y uno puede querer volver a su raíz. Esto no implica que yo prefiera Francia a Argentina, para nada, no tengo preferencia, son dos momentos de mi vida, pero sé que algún día voy a necesitar volver a mis raíces. Cuando, no lo sé.  

¿Usted se identifica a sí misma como sanrafaelina?

- Sí, totalmente y a mí me encanta, además, la cultura sanrafaelina, la gente. Ayer caminaba por la calle y me crucé con dos jóvenes que me sonrieron, sin conocerme, y eso para mí no tiene precio.

 

Por Noelia Isequilla

Fotos Ramiro Rivas

 

Dejanos tu comentario

 

También te puede Interesar