Natalia Galamba: “Mi militancia nació en la panza. Esas cosas te marcan aunque uno no quisiera"

 

En una mesa de un amigable café, se pueden conocer muchas historias que tal vez en ningún otro lugar se lleguen a contar. La mañana del martes nos reunió con Natalia Galamba, una mujer que forma parte del reducido Concejo Deliberante de San Rafael.

El sol se deja caer por la ventana y las historias no tardan en florecer. Es madre de tres hijos, jugaba al vóley y le gusta coser. “Me gustaba diseñar ropa. Pero ya no tengo el tiempo, voy a poner las maquinas a disposición de la Cooperativa, que van a utilizarlas en clases textiles”, dice nuestra invitada a un nuevo desayuno de Ojos de Café.

Nací en Mendoza, en el año 1975. Una época compleja y mis padres militaban en la Juventud Peronista, ambos estudiaban”.

 

 

¿Qué tan responsables somos del destino que recorremos? ¿Cuánto nos vamos a animar a involucrarnos en este destino? Natalia Galamba fue secuestrada junto a su hermano, quien nació 2 días antes del Golpe de Estado, y su madre el día 12 de junio de 1976. Dos días después, los hermanos bebés fueron entregados a sus abuelos y Alicia Morales, la mamá de Natalia estuvo detenida durante 4 años, hasta ser liberada. ¿Su padre? “A mi viejo lo detienen en el año 78´, lo secuestran y desaparecen”, recuerda.

Hoy, es concejal por el Frente para la Victoria desde el año 2015. “Mi militancia nació en la panza. Esas cosas te marcan aunque uno no quisiera. Tarde o temprano los orígenes aparecen y te definen”, expresa convencida de que puede hacer para cambiar, para mejorar.

Su labor como concejal se destaca por ser directamente relacionado a las minorías, a aquellos que no tienen voz. Es activa en cantidad de proyectos aunque reconoce que “hay momentos en que no puedo presentar los proyectos que quisiera”.

 

 

“Creo que la conciencia cambio mucho. Apenas terminó la dictadura, la gente no hablaba de eso por miedo. Porque justamente el terror es la herramienta más efectiva para “disciplinarnos”. Y los que querían hablar, no los dejaban. Muchos de los testimonios que se han dado en los juicios, se escucharon por primera vez, ¡30 años después! Hoy, lógicamente hay un amparo jurídico que te facilita esta declaración y te brinda las seguridades necesarias”.

El paso del tiempo nos cambia, queramos o no, es natural en la esencia de cualquier ser vivo. Los primeros años de nuestras vidas, muchas veces quedan en el olvido cuando nos convertimos en “grandes” llenos de ocupaciones.

“Tuve una niñez rara, atípica, porque hasta los cinco años vivimos con mis abuelos, pero yendo a visitar a mi mamá a la cárcel de Devoto en Buenos Aires”. Natalia habla con mucha seguridad y le preguntamos qué sabía ella sobre la detención de su madre cuando era una niña. “Siempre mis abuelos nos dijeron que estaba detenida por pensar distinto. Esa era la explicación. Yo trataba de buscar explicaciones para mis amigos, para nuestro entorno. Después del 80´ entendí que mi papá no iba a volver, que lo habían matado. Y recién la verdadera certeza la tuve en el juicio que se hizo en Mendoza. Ahí se contó bien todo el recorrido que hizo durante dos años tratando de escaparse hasta que lo mataron”.

 

 

Ella quiso ser mamá a los 17 años. “Yo lo decidí y ahora mi hija tiene 24”, relata. Todas mis fotos de la infancia tienen el sello “censurado”, ya que lo ponían en la cárcel. Eso fue mi niñez. Cuando yo fui madre, no las volví a ver. Me puse en el lugar de madre y me resultaba muy difícil ver las fotos y leer los comentarios sin llorar. Uno cambia según las cosas que nos van pasando”.

La concejal Galamba tiene aún por delante 2 años en el Concejo Deliberante. Admite que “no está haciendo campaña en este año electoral”. Su visión sobre la política y el mundo es bastante precisa. “Ya estás en la política, hay que ver qué rol queremos ocupar, qué querés hacer. Pero todos estamos en la política, unos toman las decisiones, los otros forman parte de esas decisiones, pero adentro estamos todos… ¿Cuánto uno se quiere involucrar? Eso depende de uno”.

 

 

Como dice un buen tipo en una buena película argentina “El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión”.

 

Por Martín Falcone

Fotos Ramiro Rivas

 

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