Gabo Ferro habló con Ojos de Café previo a su show en la Feria del Libro

 

Las canciones que un hombre no debería cantar, suelen ser las melodías que acompañan los momentos más emocionantes de aquellas personas que deambulan por el mundo, entre poesías y desamores. Gabo Ferro es un artista, con todas las letras, de nuestra querida historia argentina.

El domingo se presentará en el marco de la Feria del Libro en el Centro de Congresos y en la previa del show, charló con Ojos de Café sobre diferentes temas de la vida.

 

¿Qué significa para vos tocar en el marco de una Feria del Libro?

- Para mí es muy significativo ir a un lugar así, porque soy un visitante asiduo de las ferias de libros, tanto nacionales como internacionales. Esto me lleva a un lugar de mucha alegría, porque entiendo que es la consideración a la literatura. La canción tiene dos partes podríamos decir, la melodía, la música y también la letra, la literatura misma y esta parte tiene que estar lo más cercano al poema, para poder cantar lo más bello posible lo que podemos decir. Es cierto que esto es una pretensión muy grande por parte de quienes escribimos canciones. La mayoría de la música con letra que merodea hoy en día en los grandes medios de comunicación, tiene una literatura que es bastante debatible. Pero eso no quiere decir que existan tantos otros que están atendiendo esta cuestión, por eso es importante tocar en una feria del libro. Uno busca que la letra sea bonita, que emocione.

 

 

¿Esa literatura en las letras, es posible con la independencia musical solamente?

- Mis canciones no son de diseño, no hay nadie por fuera o por dentro de mí que me censure, o que me obligue a escribir de cierta manera. Yo escribo así, y lo tomé de alguna manera como herencia de aquellos viejos escritores de canciones, que si no tenían una letra que dijera algo y de la forma más bella posible, no había canción, no existía.

Hubo un momento en el rock argentino, desde donde vengo yo, en donde grandes artistas, muy valuados, que fueron hacedores de canciones importantes, decían que escribían la letra antes de grabar la canción y eso hizo que mucha gente se montara a que no importara la letra. Luego en los ochenta, al sacudirse el peso de esas canciones, con la densidad de lo que decían, no solo cómo lo decían, se llevó a un pop que era tramposamente light. Uno no puede decir que ciertas canciones de Virus, o de Los Abuelos fueran vacías de contenidos, pero bueno, algunos críticos entendían eso. En los noventa se formaron otros nichos literarios, con palabras claves como la birra, la yuta, o por ejemplo en el heavy con el hada, el mago o los arcoíris.

Esto de la independencia, tal como yo lo entiendo, es que si uno no tiene ese permitido de ir hasta donde desee, o hasta donde dé la cosa y no hasta donde le digan, es muy difícil imaginarse algo bellamente ambicioso. Sucede lo mismo con tu caso, si no vas hasta donde querés en una entrevista, dudo de su belleza.

 

Sos poeta y músico, ¿cómo mezclas esto en un show?

- Recuerdo que mi maestra de primer grado me decía que la poesía tenía música, un ritmo y una musicalidad, tanto en el ritmo como en los versos. Desde ahí yo aprendí que la poesía era música y era musical. En mis conciertos, muchas veces me deshago de la guitarra y canto a capela un poema, o lo leo. Porque me gusta mucho desarmar esa cuestión que hay entre la poesía y un señor que lee y nada más, y que el cantautor es alguien que canta una letra y listo. A mí me gusta meter el cuerpo en el medio, porque creo que cuando me aburro frente a una lectura de un poema o frente a una canción, es porque me parece que está el cuerpo sustraído en ese momento. Por eso no hago diferencia entre una canción o un poema. El cuerpo tiene que estar involucrado en esto, por eso no hay mucha diferencia entre recitar, leer o cantar.

 

¿Cómo te llevás con esta era digitalizada?

- Para los que estamos en la producción independiente, esto que puedan compartir canciones, bajarlas de internet, es un alegrón porque nosotros no tenemos una distribución regular de nuestros discos, incluso es mala la distribución. Mis discos no pueden llegar a una disquería de San Rafael, entonces… ¿qué puede hacer una persona de allá, de Barcelona o Rusia?, lo bajan. Yo los dispongo gratuitamente para que la gente pueda acceder a ellos. Por eso creo que es algo muy bueno.

 

¿Y las redes sociales con toda esa libertad de comentarios?

- Yo celebro mucho la crítica. Así como salen las flores sale la maleza de estas cosas también. Por ahí surge mucha violencia, insultos o agresiones y ahí me parece muy triste, porque se trabaja tanto para el desarrollo de estas tecnologías, que cuando todo esto queda en esta versión de la nada, me da tristeza. Yo vengo de una formación académica, y eso qué quiere decir, que cuando alguien tomaba tu texto y te hacía una devolución critica, vos se lo agradecías profundamente, porque era una devolución para crecer, te decían qué te había faltado leer, qué te faltaba en general, cuáles eran los puntos fuertes y cuáles no. Pero cuando alguien te dice que algo es malo, feo, pero sin fundamentos yo lo desatiendo automáticamente, porque te das cuenta que lo que muestran es miseria y me apena mucho ver miseria y no poder atenderla, no poder hacer algo para apaliarla.

 

Vas a tocar algunos minutos después que Sofía Di Marco y Gonzalo Matías, dos músicos de nuestra ciudad, ¿Cómo te llevás con esto?

- Me encanta compartir la música con todo el mundo. Sucede que a veces mis conciertos son muy largos y no me gusta que le pidan a los que tocan antes que yo que sean breves, porque yo también he pasado por eso. Me apena incluso no poder tocar en paridad con estos artistas. Me encanta conocer músicos en los lugares a donde voy y en general se generan lazos hermosos.

 

Ibas a tocar en febrero pero por razones ajenas y tristes, no pudiste venir, ¿cómo te preparás ahora?

- Voy por primera vez a San Rafael tras la visita frustrada en febrero. Fue para mí muy feo no poder tocar esa vez, así que vuelvo con las energías renovadas. Cuando voy a un lugar por primera vez suelo tocar un picadito de los 10 discos que tengo. Es una lista de temas variadita, bastante neurótica ja ja.

 

¿Sos nostálgico de aquellas épocas pasadas?

- Digo que cualquier persona sin presente y sin futuro no vive, está muerto. Cuando me piden versionar alguna canción trato de no emular la original. Digo que estamos atravesados por la historia que hemos vivido, entonces cuando tengo que versionar una canción de los 70´, me voy a lo previo, me voy a canciones del renacimiento y puedo pasar esas canciones por diferentes géneros como el punk, new wave, el house o por donde se me ocurra, y desde ahí imagino hacia el futuro. Eso es lo que nutre poder volver a una canción con una guitarra en la mano, con todo eso arrastrado y mirando hacia adelante.

 

Como hacedor de música, ¿te gusta lo que hoy sucede en el mundo artístico musical?

- Uff, sí, hay tantos que me sentiría mal no nombrar alguno, pero sí puedo decirte es que tanto a nivel bandas y solistas, están pasando un montón de cosas. Fui jurado de la Bienal Joven que sucedió hace muy poco y la verdad es que fue emocionante ver la cantidad y calidad de las propuestas. Esto me da mucha energía, porque viste que desde las discográficas grandes dicen que no pasa nada nuevo, y cuando te dicen que hay algo nuevo lo escuchas y decís “esto es una banda de covers, ya lo vi hace 40 años”. Pero bueno, hay cosas muy bonitas que no circulan por las autopistas de la divulgación y parece ser que lo que no está ahí, no existe, pero sí existimos y te digo que hay cantidades enormes. Hay canciones refinadas, las estéticas son más subjetivas, hay un tremendo ejercicio de la libertad y eso me interesa muchísimo. Se están buscando identidades propias, esto está pasando mucho y es algo emocionante, eso significa que estamos vivos a pesar de lo que digan.

 

Entrevista por Martín Falcone

 

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