Entrevista a Liliana Bodoc: Los detalles de una vida de escritora

 

Terminaba la presentación del libro ‘El arte de los confines: Venado’ en San Rafael y nos subimos al auto con Liliana Bodoc, Gonzalo Kenny, Quique Arriaza y yo. Horas atrás, conversé brevemente con Liliana si podíamos coincidir para realizar una entrevista, y con naturalidad contestó que sí. Me alejé y ella siguió firmando autógrafos para una larga fila de admiradores (incluyéndome), que asistieron al Concilio de Escritores en la mañana de un domingo en la UTN.

En el auto, Quique tomó una selfie y desde el asiento de atrás se asomaron dos sonrisas que aceptaron con gentileza toda esa pasión que brotábamos. Estaba manejando y llevando a la escritora que me introdujo a la literatura épica fantástica latinoamericana y a un mundo enorme que devoré cuando cumplía los 15 años, y del cual no pude desprenderme nunca más.

Llegamos a una heladería confitería, nos sentamos en una mesa disponible y comenzamos una charla que fluyó con naturalidad. Le preguntamos a los dos desde una curiosidad infantil pero repleta de connotaciones hacía el universo construido por Bodoc hace casi 20 años y de Kenny, desde su trabajo- y también desde la admiración hacía Liliana- agrandó con sus ilustraciones.

La idea en un principio era compartir un café, pero contextualizando, pasaban las 22 horas, a las 10 de la mañana Bodoc estuvo en el Concilio hasta las y a las 17:30, Gonzalo y ella asistieron a la presentación del libro ante casi un centenar de personas. Hablaron, contestaron preguntas, firmaron autógrafos, dialogaron y se sacaron fotos con cada uno de los presentes que querían su firma. Luego, siguieron conversando con ánimo con quienes quedaron en el salón. De esta manera, volviendo al inició del párrafo, y ya sentados en la mesa, Liliana dijo “Escúchenme ¿y si compartimos entre los cuatro una cerveza?” y así lo hicimos. De esta manera comenzó una entrevista que para Quique, columnista de Ojos de Café y para mí, se va quedar guardada en nuestras memorias.

 

¿Qué encuentra alguien en la biblioteca de Liliana Bodoc? Mauro

¿Qué encuentras cuando vas a una biblioteca mía?  Te lo puedo decir por estantes: mucha literatura infantil y juvenil, pero no quiere decir que es toda buena, ni si quiera quiere decir que la haya leído todo. Yo soy escritora de este género y me llegan de muchos lugares, de muchas editoriales, de muchos escritores, y hay mucha literatura de ese género.

Mucha poesía y la vas a encontrar en dos lugares. No solamente en la biblioteca, sino, y esto es primicia. (Luego de un breve silencio nos dice) Yo tengo un oráculo. Una caja, muy particular, es bella,  llena de libros de poesía. No es un juego, mi familia y mis amigos no se lo toman como tal, sino muy serio. Y es así: La gente hace una pregunta cualquiera, mete la mano, elige un libro de poesía. Me dan el libro y yo pregunto al poeta en cuestión, y créeme, el poeta te contesta.  Ya es un rito familiar que mis sobrinas me dicen <Tía ¿Vas a traer el oráculo?>. En fin, cada uno pregunta lo que quiere, de su vida,  ¿Cuándo me voy a mudar de casa? Esto es  el poder de la poesía, de los poetas.

¿Cuántos libros hay en tu biblioteca? (Quique)

No sé, no sé, te juro que no sé. No te imagines. Yo tengo muchos libros pero también les doy a mis hijos. Hay un momento en el que yo, entiendo a los libros como objetos, como a mí la acumulación en general me repele, voy preservando los libros que son infinitamente amados, y que voy a leer mil veces,  si Dios me lo permite, y hay otro montón más que empiezan a circular. (…) hay literatura latinoamericana. Hay una cosa que cada vez amo más, que son libros álbum, libros ilustrados, libros objetos, tengo muchos de esos y los quiero mucho, porque los comparto con mis nietos. Hay antropología, filosofía, psicología, no solamente de literatura.

Entre risas, los vasos subían y bajaban le decimos a Liliana que queremos conocer su biblioteca y Kenny dice “Conocer su oráculo” a lo cual ella respondió:

Un día, con una amiga estábamos haciendo el oráculo, y le hace una pregunta. El oráculo le responde: <<Cuando te distraigas en mitad de un lago>> no tenía nada que ver con lo que le había preguntado. Nos quedamos pensado y yo miro hacía donde estaba mi amiga y digo: <<Che, hay agua>>. Pasó que en mi heladera, tiene el cosito para sacar agua fresca y bueno, había quedado apretado y había salido agua y ella estaba, literalmente, en medio de un charco de agua. Respuestas increíbles de los poetas.

¿Sos de esas escritoras que todos los años tienen que sacar un libro? (Quique)

La verdad que no. Tengo muchas ganas de escribir, no lo hago porque me lo pidan las editoriales, sino que lo hago con muchas ganas y con mucha pasión. Quizás eso decante. Este año fue muy productivo, por este libro, ‘Venado’, ‘Elisa’, ambos proyectos que venían desde antes. Quizás el año que viene sea más tranquilo, más cauto.

El libro “Cuando San Pedro viajó en tren”  es un libro que no tuvo tanta repercusión como otros. (Quique)

No, en mi historia, hubo libros tan opuestos como San Pedro viajó en tren y Memorias impuras, uno un libro para pequeños lectores, el otro para adultos. Son libros que han hechos un recorrido menos exitoso. Totalmente distinto a otros como ‘El perro del Peregrino’, ‘El espejo africano’, ‘La saga’, ‘Sucedió en colores’, ‘Amigos por el viento’. Sin embargo, no me arrepiento de haberlos escritos, al contrario, mucho menos Memorias impuras, amé hacer, sobretodo un trabajo sobre el lenguaje,  es un trabajo arduo para la lectura, la verdad que fue la búsqueda, en ese momento.

Los libros se comportan de manera muy caprichosa. La verdad que jamás diría que mi mejor libro que pude escribir fue ‘El espejo africano’, la verdad que no lo diría, pero bueno, ese libro está, permanece.

En una última pregunta que rondó lo abstracto, aprovechando esa posibilidad que otorga Bodoc al contestar con su poesía efímera muchas veces,  le preguntamos acerca de ese libro que escribiría si fuera El libro, uno que la resumiera a ella como persona. Un inicio y un final.

Es difícil imaginar un inicio y un final de una historia que no conoce. Mi respuesta será absolutamente simbólica. Yo comenzaría un libro hablando de abrazar a mis hijos, imagino la vida e imagino la muerte. La única muerte que yo puedo tolerar es abrazando a mis hijos. Así que comenzaría un libro hablando de: “aquí estoy, abrazando a mis hijos”. Y terminaría diciendo: “amén”.

Seguimos conversando unos minutos, con los grabadores apagados, sin el compromiso de ser una respuesta para una entrevista. Pagamos la cerveza y buscamos el auto. Nos despedimos con un abrazo y un beso de Liliana y Gonzalo a las afueras del hotel.

Próximamente estaremos publicando en conjunto la entrevista completa realizada a Gonzalo Kenny  y a Liliana Bodoc con respecto a su trabajo ‘El arte de los confines: Venado’.

 

Por Quique Arriaza y Mauro Quintana

 

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