Débora Ferrero: Juventud y fuerza en la Dirección de Turismo de Malargüe

 

Los tiempos cambian y a través de estos cambios, se consiguen avances significativos en diferentes sectores de la sociedad. Uno de estos cambios, se vio reflejado en la política y quienes la conforman.

Las mujeres han logrado tras mucha lucha, tener un lugar en el siglo XXI que antes no era posible. Formar parte de un gabinete, de una dirección o de cualquier ámbito estatal era impensado.

Débora Ferrero es la directora de Turismo de Malargüe, el departamento sureño de nuestra provincia que cuenta con una historia fuerte e importante. Ella, tiene 26 años y ocupa un cargo relevante desde el primero de enero del año corriente. Vive con su perra Mili, quien le resulta una compañía fundamental.

La invitamos a desayunar a Casa Alvear, para poder conocer más acerca de la persona que hay detrás del turismo.

“Nací en Malargüe y luego me vine a San Rafael”, comienza contando su historia. El jardín lo realizó en aquella ciudad y luego terminó sus estudios secundarios en el Colegio del Carmen. “Toda mi familia paterna es de allá, por eso siempre viajé seguido. En las vacaciones me instalaba en Malargüe, le daba una mano a mi tía en el negocio y la pasaba muy bien, me entretenía mucho. Tengo amistades de jardín que todavía conservo”.

 

 

Débora es joven, simpática y emprendedora. Desde chica se la rebuscó para tener trabajo. “Soy busca”, se define la mujer que está a punto de recibirse de abogada y escribana. “Toda la vida fui justiciera, con el ideal de justicia delante. Es tratar de equilibrar la balanza”.

Estudia abogacía en la Universidad de Mendoza y le quedan 2 materias para tener el título en sus manos. “Me gusta la parte ambiental, un área con muchos intereses contrapuestos”, responde ante la pregunta de qué área de la abogacía le gustaría ejercer.

Desde Ojos de Café alentamos a todas aquellas personas que siendo jóvenes, tienen por delante funciones fundamentales para el desarrollo de una sociedad. Creemos en la juventud y sabemos que existen personas que a pesar de su corta edad, están completamente capacitados para realizar sus trabajos.

“He hecho de todo desde que terminé la secundaria. Estuve trabajando en el Registro del Automotor, me capacité y di clases de pilates, luego tuve la oportunidad de probar suerte en televisión, en CTC. Muchos se me reían porque no tenía nada que ver con mi carrera pero me presenté a un casting y quedé”.

La charla continúa y surge un tema que genera mucha polémica en Malargüe, la minería. Si bien no es el área en donde Débora trabaja, el turismo siempre está relacionado al ambiente y su protección.

Cuando tenés mucha necesidad de trabajo, la gente quiere trabajar en lo que sea. Y eso pasa en Malargüe, se quiere cuidar el ambiente pero también quieren trabajar. Es una ciudad minera de origen, incluso en las escuelas se dan esos temas. Que Malargüe no se dedique a la minería, es ir en contra de su historia. Por eso hay que reforzar los controles muchísimo, cualquier acción humana deteriora el medio ambiente, tiene su efecto, pero ahí está la diferencia, entre controlar y no hacerlo. Malargüe vive de regalías petroleras desde siempre”.

 

¿Cuál es su postura al respecto?

“Soy muy proteccionista, pero si las explicaciones son reales y fundamentadas, estoy dispuesta a escuchar”.

Conocí a Débora en épocas de secundaria y siempre mantuvo hasta el día de hoy su simpleza para relacionarse con los demás. Es una mujer frontal y ella lo reconoce así. “Soy sincera, trato de no tener filtros”, cuenta sonriendo.

El destino le puso en frente el desafío de encargarse de la dirección de Turismo de Malargüe y decidió afrontarlo. “Me lo dijeron un fin de semana, viajé hasta Malargüe un viernes para hacer trámites por la Casa de Malargüe y me preguntaron si a partir del lunes quería sumarme, siendo directora”.

“En un fin de semana tuve que buscar lugar donde vivir, hacerme la idea de que iba a estar allá, organizar lo que tenía acá y bueno, empecé. El comienzo fue difícil, tuve que demostrar que quería laburar, que tenía esas intenciones, que no había sido puesta por una cuestión política. Uno tiene que hacer el esfuerzo doble para demostrar esas cosas”.

Asumió el primero de enero del 2017 y a los tres días nada más, tenía por delante uno de los eventos, si no el más importante del distrito, a punto de realizarse. El Festival del Chivo reúne a miles de personas de todo el país y es una marca registrada con mucha historia.

“He aprendido un montón, esto es una experiencia para mí. Cada cosa que hago trato de que sea una buena experiencia. Cuando uno le pone garra a las cosas, no pueden salir mal, eso pienso siempre que hago algo. Vi la parte mala de la gente, la parte dañina. Hay que cuidarse la espalda. Cuando uno no sale del huevo son todos amigos pero la política te demuestra que no es así, que hay gente buena y mala. Si te ven que estás trabajando, ya sea con papeles o limpiando los vidrios de la Dirección, hace que los demás lo vea y se motiven”.

Su llegada a la Dirección de Turismo no fue pura alegría. “Me criticaron por ser joven, porque no vivía en Malargüe, porque no tenía experiencia en el Turismo, y sí, me dolió. Decidí concentrarme en quienes ayudan, en quienes suman. La política sigue teniendo una cuestión machista. Es complicado ser joven y más siendo mujer, cuesta mucho hacerse un lugar”.

 

 

Su tiempo libre

“Te queda poco tiempo, porque hay veces que no estás en la oficina pero estás pensando en cosas de trabajo. En el turismo el fin de semana no se descansa, es algo de lunes a lunes. El teléfono suena cualquier día de la semana. Me cuesta hacerme tiempo porque soy media obsesiva con el trabajo, no es algo saludable para mí y mi familia me lo hace saber, pero bueno, trato de hacerme mi lugar para ir al gimnasio a distenderme”.

Ella reconoce que con el paso del tiempo ha aprendido a templarse y que el esfuerzo contagia a los demás. Es honesta y tiene como concepto básico que todos merecen vivir en un mundo más justo. “Es muy difícil cambiar las cosas desde afuera”, expresa con un poco de preocupación en su voz. “Y desde adentro también es muy difícil, hay un entorno que te condiciona, pero es mucho más fácil desde adentro que afuera. Tenés acceso a cosas que no tenías idea. La burocracia del Estado es impresionante, por ejemplo para hacer un simple cartel, los problemas que hay detrás de eso, es una pelea constante”.

Débora Ferrero tiene 26 años, es estudiosa, correcta y respetuosa. Como dice la canción, es una mujer bella y fuerte. Su futuro es como el de cualquier persona que tiene por delante su vida y va en busca de ella. “Pienso ejercer la abogacía algún día. No me cierro en ningún plan. Siempre tengo en cuenta una frase que me gusta mucho y es “Cuéntale tus planes a Dios y ve como se ríe”. Si me preguntabas un año atrás dónde iba a estar hoy y la verdad es que me iba a reír también. En lo que respecta a logro personal, quiero terminar la carrera y luego veré que hago. Lo que sea, lo trataré de hacer de la mejor manera”.

 

 

Por Martín Falcone

Fotos Ramiro Rivas

 

Dejanos tu comentario

 

También te puede Interesar