Darlene Reyes: De Filipinas a San Rafael

 

Un paseo por mundo en San Rafael

“Después de todo, ¿por qué ha de tratarse a los extranjeros como extraños?”

El interrogante de `Abdu'l-Bahá resulta un punto bastante común para todo foráneo que se encuentre viviendo en cualquier patria de adopción, existe una tendencia generalizada a considerar que quien proviene de un entorno externo al nuestro, es a todas luces, diferente y se debe remarcar constantemente su carácter de outsider. Ésta característica local puede ser exteriorizada de forma cómica, situando al extranjero en el lugar de mascota del equipo, haciendo eco de clichés escuchados mis veces y que siempre terminan por rozar la xenofobia. El síndrome del turista, podríamos llamarle, ¿qué pasa entonces con el extranjero que no es ningún turista sino un ciudadano más, igual que cualquier otro?

Hoy sería conveniente poner el foco en aquellos que desarrollan su vida en consonancia con cualquier otro argentino, pero no hacer énfasis en sus supuestas diferencias, sino destacar su carácter y, lo mejor de todo, su argentinidad.

¿Qué mejor forma de hacer esto que conociendo un poco mejor a los sanrafaelinos de “otro lado”? De este modo damos inicio a una serie de conversaciones con aquellos conciudadanos que gozan de la particularidad de haber nacido en el exterior.

Darlene Reyes es una simpática filipina que nació el día de la independencia americana de 1979, esta originaria de Santa Cruz en la provincia de Laguna, explica que en sonido español de su ciudad tiene relación con la historia del archipiélago filipino, marcada por el yugo opresor de la corona española durante alrededor de 400 años.

¿Cómo llegaste a Argentina?

No fue una opción, sino que me casé con un argentino de San Rafael. Él estuvo trabajando en Filipinas y nos conocimos allá, nos casamos y estuvimos viviendo en distintos países antes de venir acá en 2012, cuando decidimos quedarnos acá y probar la vida acá en Argentina.

Filipinas y Argentina son países realmente diferentes, ¿sentiste un impacto muy fuerte entre aquello a lo que vos estabas habituada y lo que encontraste acá?

Si, si, en muchas cosas. Aunque yo vine acá por primera vez en 2005 de vacaciones y me encantó, me enamoré del lugar, pero venía de vacaciones nada más y no pude apreciar bien las diferencias. Cuando me establecí acá comencé a percibir cosas que me impactaron.

Mi cultura es muy tropical, tiene más similitudes con la de los caribeños, entonces tienen menos preocupaciones que la gente acá, otro humor. (Risas)

¿Qué recorrido hiciste antes de llegar acá?

De Filipinas me fui a vivir a Sudán por tres años y luego me fui a Venezuela.

Cambios muy contundentes…

Si, en Sudán padecí bastante porque sufrí una crisis social, que se dio porque no lograba integrarme a la sociedad. Algo bastante entendible, teniendo en cuenta que en Sudán son de mayoría musulmana y eso dificulta el trato. En Venezuela me afectó mucho el tema de la inseguridad, es por eso que cuando llegué a San Rafael lo sentí distinto, sentí de inmediato que este lugar era mi casa.

¿Percibís diferencias muy notorias entre tu lugar natal, los lugares en los que habitaste y San Rafael?

Respecto a Sudán las diferencias son muy grandes, desde la mañana temprano cuando todavía estás durmiendo y escuchás a los musulmanes hacer sus rezos, eso me impactó mucho. De ahí a Venezuela, que teóricamente no me tendría que haber chocado mucho porque es un país más o menos como el mío, pero el tema de la inseguridad es muy fuerte y eso me decepcionó. Yo pensé que Venezuela iba a ser más amigable, pero al final terminó siendo también un país muy cerrado, dónde no te invitan a su casa, no abren su casa.

Acá en San Rafael creo que, en lo que se refiere a tener un negocio y poder experimentar la parte comercial, son aspectos irritantes, ya que la parte comercial es un sector que te hace rabiar. No podés trabajar tranquilamente y sin sorpresas. Pero la vida diaria me gusta, el ambiente es relajado y agradable, sin muchas preocupaciones. Muy estable.

¿Qué fue lo primero que supiste de Argentina antes de relacionarte con gente de este país e instalarte acá?

Lo único que conocemos en Filipinas es Maradona y Eva Perón, son las dos únicas cosas que conectan a mi país con Argentina. Aparte de eso se conoce el hecho de que Argentina tiene buena carne y hasta tenemos un producto enlatado llamado Argentina Corned Beef.

¿Te sentís identificada con la gente de acá como si fueras una local?

Si, lo empecé a sentir desde el primer año. Pero es algo que depende mucho de la persona, por ejemplo, yo conozco a un grupo de extranjeros que viven acá hace tiempo y tienen muchos problemas para integrarse, pero también esto sucede porque se cierran, buscan seguir haciendo lo mismo que hacían en sus países en Argentina. Es una repetición que no tiene sentido, no podés pretender que tu vida en el extranjero sea igual que la vida en tu país natal.

En mi caso sucede lo contrario, me relacioné desde el primer momento con los locales aunque no sabía bien el idioma, pero eso no me daba vergüenza. Si me equivoco, me equivoco, no es tan grave. De todos modos no fue fácil que me aceptaran, porque San Rafael es muy cerrado en ese sentido, al principio cuando iba a algún lugar con mi esposo tenía la sensación de que la gente no quería saber nada de mí, no les interesaba, ni me hablaban. Al principio lo sufrí, hasta que encontré gente con la cual relacionarme. Me ayudó el hecho de estar en la música, comencé a juntarme con músicos y, en ese entorno, hay otro tipo de aceptación y de integración.

¿Hay algo que te moleste mucho respecto a tu nuevo hogar?

En todos lados vas a encontrar cosas que te resulten molestas, igual que en mi país. Por ejemplo, hay cosas a las que me he desacostumbrado en mi país y creo que si volviera por más tiempo que unas vacaciones me molestarían muchas cosas.

Pero bueno, acá en Argentina me molestan los trámites, las trabas que te ponen y todo lo relacionado a las actividades comerciales. Ahora mismo, más que molestarme, me preocupa mucho la economía del país, es un país muy rico, no puede ser que esté en esta situación.

¿Qué inquietudes experimentaste cuando llegaste acá?

La verdad que nada, sinceramente. En lo que se refiere a integración no tuve grandes problemas porque, la verdad es que si no querés aceptar amigos nuevos vas a tener la puerta cerrada a un montón de cosas, por eso no me preocupé. Fuera de eso no tuve grandes problemas de integración, además creo que llegué a tener más conocidos que mi esposo que es de acá.

Creo que al ser extranjero se tienen ciertas ventajas, cierta consideración, un poco de trato especial y eso facilitó muchas cosas cuando se trata de relacionarse con la gente.

Y el percibir ese trato especial, ¿no te resultó incómodo?

Yo creo que, a pesar de ser algo que no me molesta, no es algo de lo que se deba abusar. Depende de cómo te lo hagan sentir, en Filipinas también somos así, tratamos muy bien a los extranjeros, los tratamos mejor que a los locales (risas).

No es muy común encontrar gente de Filipinas acá, de modo que no se sabe mucho de la gente de tu país, ¿has percibido alguna categorización o cliché respecto a tu procedencia?

Si, no hay muchos filipinos acá, somos dos nada más. Lo que me molesta es cuando llaman a todos los que somos de aquel lado de mundo “chinos”, como si todos los asiáticos fuésemos chinos. Y no es lo mismo, no tenemos nada que ver, es como si yo te dijera que todos los sudamericanos son brasileños, a nadie le gustaría por supuesto.

A veces te hacen bromas respecto a eso, a veces me río, pero a veces también me cansa y me veo en la obligación de decir que no somos chinos, no somos todos iguales. Y es que dependiendo de cómo te hagan el chiste te reís, pero otras veces se siente un poco racista. De todos modos es algo que se escucha en muchos lugares, así que no es algo nuevo.

¿Qué es lo que más te atrae de tu estadía acá?

Me gusta la vida, no me gusta vivir en ciudades y acá es tranquilo. Tiene un doble filo el hecho de que todos se conozcan, pero tiene sus cosas buenas ir por el centro y que la gente te salude. Me parece que este lugar tiene el tamaño ideal, es el lugar en el que yo puedo vivir.

Creo que es muy difícil que me vaya de San Rafael porque ya estoy muy bien establecida, además he adoptado niños acá, ellos viven conmigo, así que ya estoy prácticamente encerrada en San Rafael y en Argentina (Risas). Me han ofrecido recientemente hacer negocios en otros lados, pero por ahora me quedo acá.

Por otro lado me encantaría que mis hijos pudieran vivir lo que yo he vivido, que puedan conocer otros países, hablar otro idioma, vivir otra cultura, abrir la mente y sentir esa revolución.

 

Por Noelia Isequilla

 

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